EL HOMBRE CONFUSO

Y te busco por las calles, y la gente ni me mira

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Hace un tiempo escribí sobre el amor, sobre la dualidad que vive latente en el corazón de la mayoría de los hombres -y no utilizo el genérico masculino-, que se debate entre acostarse en el mayor número de hombres posible mientras sufre por la búsqueda infructuosa de la monogamia. Lo hice en Shangay, en ese espacio que destinan para plumas invitadas, aunque ya nadie sepa a qué huele la tinta. Hoy, varios meses después continúo perdido en esta nebulosa sentimental que flota por encima de las ciudades. Vivo incrédulo en un momento temporal donde es más importante el mercado que la compra, donde los estándares sociales exigen tantos músculos como victorias nocturnas se acumulen en el cabecero de la cama, donde el amor no es más que una excusa para conseguir un objetivo, aunque para ello haya que tensar la cuerda hasta que se rompa. Y no hablo por hablar, o mejor, no escribo por escribir. Tan solo me hago eco de aquellas reflexiones que amigos, conocidos y desconocidos me transmiten a través de esas plataformas de contacto instantáneo a que hemos decidido llamar redes sociales. “¿Es esa la fórmula adecuada? ¿Un novio que atienda los momentos de tristeza y una corte de amantes para poder seguir presumiendo delante de los amigos?”, escribía en aquel momento y hoy, más que nunca, continúo pensando lo mismo.

Pero no venía a hablar del amor. Pensaba dedicarme a algo más mundano, más corriente y, a la vez, más preciado. ¿Saben ustedes cuántos amigos tienen? Personas que les conocen, que saben cuándo se encuentran bien o mal sin necesidad de manifestarlo y que no dudan en echarles una mano cuando lo necesitan. Seres, humanos o virtuales, que saben entenderles, que conocen el significado de la comprensión, a quienes no les caen los anillos por pedir perdón y que les regañan aunque piensen que no tienen autoridad para hacerlo. ¿Han tenido tiempo para echar las cuentas? Gracias a esta acumulación de seguidores y seguidos a que nos enfrentamos cada día hemos perdido la noción de la amistad. No por más likes significa que te quieran más -¿cuántos emojis de manos aplaudiendo son necesarios para hablar de amistad verdadera?-. Depositamos nuestros sentimientos en conversaciones virtuales, sustentadas por apps que pueden desaparecer en la próxima actualización, abrimos nuestro corazón y nos expresamos con la libertad y la vehemencia que nos permite la ausencia de contacto visual, y no contentos con todo eso, le llamamos amistad. Bueno, ‘amigui’, que es una forma sutil de situar estas relaciones que sobrepasan el mero conocido pero no llegan a a aparecer en ese ranking que utiliza los dedos de la mano como medida de precisión. Nuevos términos para nuevas realidades. La grandeza y la perversión del lenguaje.

Y sí, tan pronto como llegan, se van. Son los ritmos de nuestro tiempo, nos guste o no. Cuanto antes lo asumamos, antes podremos descansar. Pero no se preocupen, no quiero que se depriman. Entre tanta marea, siempre hay una ola que vale la pena. Entre tanta intimidad sobrevenida hay esperanza. No debemos pensar que ‘lo de antes’ era mejor, de la misma forma que con la llegada del automóvil perdimos la necesidad de herrar a nuestros caballos. Posiblemente lo echamos de menos entonces, pero ahora, ¿quién se acuerda? Aprovechen el tiempo, tengan los ojos bien abiertos, sean simpáticos con todo el mundo, accesibles, cercanos, pero guárdense un pedacito dentro de la coraza. Piensen que, como en la vida real, nunca saben a qué van a enfrentarse. Díganle a sus amigos que les quieren, atiendan sus whatsapps y no hagan distinción. Dense cuenta que un ‘leído’ pero no respondido puede provocar una decepción al otro lado de la pantalla, esa superficie brillante que en la que vivimos los seres que no tenemos existencia material. Seres como un servidor de ustedes.

Y ahora, busquen, en el mundo que les ahoga, que les abraza y les olvida, en la prisa de la gente, a la vuelta de la esquina…

Un comentario el “Y te busco por las calles, y la gente ni me mira

  1. Johdio TorpeCorazón
    27/09/2014

    Así es, las máquinas ganaron la guerra hace tiempo. Y con ello las relaciones humanas estan en su maxima decadencia. ”Estrechar” una amistad por ”me gusta” o ”compartir’ es algo patético e irreal.
    Esa amistad no se hace más fuerte ni se siente más allegada, pero si la hace más hostil si no es respondido a la vista de un tick que indica ”leido”.

    Mensaje enviado desde mi mIcroondas.

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Esta entrada fue publicada el 26/09/2014 por en Uncategorized.

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