EL HOMBRE CONFUSO

Lo hetero es lo nuevo gay

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Hace unos días leía en Palabra de oso, el blog del escritor erótico Bob Flesh -que, como su nombre indica, es un especialista en el mundo bear- un texto con un título poco más que maravilloso: El hetero es el nuevo gay. Y no pude evitar sonreír en soledad, a riesgo de arruinar un poco más mi reputación social. El texto, como no podía ser de otra forma, evidenciaba la necesidad de una masculinidad abrumadora que se ha apoderado del mundo gay. Un movimiento que podría compararse al auge de la metrosexualidad durante la década de los noventa, cuando los hombres decidieron adquirir todos los rituales sociales femeninos como propios, convirtiendo en común lo que habían estado criticando en el colectivo homosexual. De la noche a la mañana nos encontramos con los ejemplares más orgullosos de su hombría perfilándose las cejas, depilándose todo el vello corporal, abusando de las cremas faciales y burlándose de aquellos que no seguían su patrón. Vamos, practicando todo aquello que habían criticado en los demás al grito de ‘maricón’. El ser humano, ese paradigma de cordura y sensatez.

Ahora son -somos- los gays los que hemos decidido hacer nuestros los rasgos más evidentes de la heterosexualidad. Nos hemos dejado barba bien poblada -luego se han subido al carro todos los demás hombres, sean de la condición que sean, pero el germen está en la homosexualidad-, hemos borrado cualquier resquicio de pluma, vamos con la camisa abierta hasta el ombligo, dejando claro que tenemos una buena mata de vello pectoral, potenciamos nuestra actitud aguerrida y masculina a través de las fotografías que compartimos en las redes sociales y, como no, demonizamos todo lo que huele a ‘pasividad’ en las relaciones sexuales. Es decir, no hacemos nada más que coger el modelo social masculino heterosexual más tópico y lo aplicamos con erótico resultado. ¿Quién nos iba a decir que un hombre peludo, sudado y que presume de empotrador acabaría siendo el paradigma del sex symbol, cuando lo más propio es que lo identificáramos con los actores del destape y su pasión por las suecas? Ahora, entre nosotros mismos nos dedicamos a marginar a todo tipo de persona que no se ajuste a estos patrones de leñador, de la misma forma que llamamos ‘oso’ -‘osito’, que queda más mono- a todo hombre que no esté musculado, sin tener en cuenta ningún otro rasgo físico del sujeto. Y no es que nos guste etiquetar, pero tampoco saquemos las cosas de madre. Si se es, se es. Pero si no se es, pues no se es. Y no pasa nada.

Ahora, ¿qué será lo próximo? La pluma ha saltado al terreno de la heterosexualidad mainstream con gran éxito. Gracias, fundamentalmente, a Mario Vaquerizo, las mujeres han asumido que existen otros tipos de hombres y que no solo no tienen que avergonzarse de sus gustos, sino que, además, serán la envidia de todas sus amigas. Pero, ¿y los gays? Pues como todo es tremendamente previsible y, además, cíclico, solo hay que echar un vistazo al pasado. Las barbas están dejando paso a los bigotes, como ya ocurrió hace menos de treinta años, que, a su vez, se transformarán en perillas, por mucho que nos sangren los ojos solo de pensarlo. Esta estética masculina de pecho hirsuto y camisa abierta desaparecerá progresivamente -a nivel genérico, se entiende, ya que siempre habrá defensores convencidos- y nos veremos inmersos en una oleada de hiperfeminismo -que ya se intuye perfectamente- que dominará todo tipo de manifestación sexual, publicitaria y social. Los hombres heterosexuales, por su parte, recuperarán el rol de macho barbudo que han ido perdiendo -coincidirá con el fin de Cristiano Ronaldo como personaje público- y todo volverá a ser como era antes, es decir, un coñazo. Menos mal que los límites se irán difuminando y las situaciones evolucionarán, aunque poco a poco. Así somos las personas, miedosas, ridículas e inconscientes.

Pero antes de que todo esto llegue, por favor, aprovechemos los últimos coletazos de la hiperhombría homosexual y corrámonos en esos pechos peludos que asoman por debajo de la ropa. Será la única forma de sacarle provecho a la globalización estética y, contando que cada vez tenemos menos oportunidades de improvisar, no estamos como para ir perdiendo oportunidades. Tomen nota y actúen en consecuencia. El reinado de ‘lo hetero’ toca a su fin.

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Esta entrada fue publicada el 10/08/2014 por en Uncategorized.

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