EL HOMBRE CONFUSO

¿Han muerto las citas a la vieja usanza?

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Hace poco leía en el diario que un mediático presentador escribe en una conocida revista que durante muchos años -y creo suponer que incluso ahora mismo-, si volvía a casa tras una noche de marcha sin haber pasado por la cama, coche o cualquier otro espacio que se les ocurra para practicar sexo, pensaba que había sido una noche perdida. Este reconocido presentador también declaraba no entender a la gente que sale para pasárselo bien. Él si salía -sale- es para ligar y llevarse un hombre de regalo, que para pasárselo bien, pues mejor se queda en casa. Y aunque les pueda resultar absurdo, me hizo reflexionar. ¿No resulta frustrante basarlo todo en el hecho de conseguir o no un trofeo? ¿No terminaría siendo más sano, mentalmente hablando, dejar que las cosas sucediesen o no por su propio camino? ¿No se esconde detrás de esta obsesión por el amor ajeno una necesidad abrumadora de aceptación y piropo? ¿Cuántas noches truncadas debió -debe- haber pasado este presentador al llegar a su solitaria casa? ¿Merece la pena tanto sufrimiento?

Mientras todavía estaban revoloteando estas palabras por mi cabeza, un amigo en la distancia me contaba que había tenido una cita de lo más extraña. Resulta que el muchacho, que además de simpático puede presumir de ser un auténtico sex symbol -no les voy a poner fotografías, pero háganme caso-, había conocido a otro muchacho, unos años más mayor que él, en el entorno propicio de una fiesta y habían quedado para tener una cita al día siguiente, o a los dos días, no esperen que retenga todos los datos temporales. Los dos chicos quedaron, dieron una vuelta, se tomaron una cerveza, otra, una tercera, cambiaron de sitio, se encontraron con amigos de uno de los integrantes de la pareja, se tomaron otra u otras cervezas, se dieron unos besos furtivos, se despidieron de sus amistades, volvieron a darse otros besos furtivos acompañados, imagino, de algún que otro tocamiento, se acompañaron hasta la parada del autobús y se despidieron hasta el día siguiente. Ustedes pensarán: ¿y qué tiene de extraño todo esto? Pues lo mismo que en el párrafo anterior. No hubo sexo en el primer encuentro.

El mundo marica ha convertido el encuentro sexual como un mero trámite para conocer a alguien. Lo mismo que tomar un café o una cerveza, compartir un taxi, encontrarse en la cola de un supermercado, acudir al mismo curso de inglés, modelar arcilla o salir a correr los domingos por el parque. Y claro, cuando esto no ocurre, se queda flotando en el ambiente una sensación de extrañeza que, posiblemente, impida cualquier cita futura. Y sí, entiendan que tiro de estereotipo y de generalización peligrosa, pero echen un vistazo a su alrededor y hagan cuentas. Salgan un día con sus amigos por los sitios que suelen frecuentar en horario nocturno y traten de contabilizar cuantos de ustedes se han acostado con los mismos hombres en un periodo de tiempo más o menos acotado. Pero ojo, no se alarmen, en ningún momento digo que me parezca bien o mal, simplemente, me resulta curioso. Cada uno debe dejarse llevar por lo que le apetezca hacer en cada momento. Ya nos censuran bastantes comportamientos como para, ahora, tener que pensar dos veces si podemos desnudarnos o no cuando el cuerpo nos lo pida. ¡Faltaría más! Otra cosa es que no deja de sorprenderme la facilidad con la que se descarta un encuentro futuro, por mucho que pueda apetecer tenerlo, si previamente no ha habido sexo. Tal vez deberíamos empezar a pensar que el zorreo virtual, tan presente en cualquier tipo de red social, está trastocando demasiado el comportamiento real de la gente.

Pero si esta necesidad de ir acumulando nombres en una hipotética base de datos me llama la atención, más lo hacen las interacciones personales que se producen una vez se han ido tachando nombres de la lista. Gracias a la costumbre de narrar cada episodio vital que se ha instalado en la sociedad, uno puede comprobar desde la comodidad de su sofá como estas nuevas relaciones se entremezclan, como uno pasa a estar con otro mientras el primer continúa con el segundo, como se producen encuentros formales, llenos de piropos, entre personas que, sin saberlo, están compartiendo algo más que una soleada tarde de cafés. Todo un rocambolesco folletín victoriano, más propio de los grandes autores románticos que de esta era virtual. Para que luego digan que la sociedad evoluciona constantemente… En fin, que si ustedes ayer salieron, si ligaron, si no ligaron, si aprovecharon la intimidad de un cuarto de baño, de la parada de un autobús, de la habitación de un after en el que no conocían a nadie, disfruten de ello. Y si no, dejen de atormentarse -y de atormentar a todos aquellos que visiten sus perfiles sociales-. Simplemente viven una vida normal. Y no deberían hacer caso de lo que les cuenta la gente, porque, al final, a ellos les pasa lo mismo que a usted, solo que prefieren maquillarlo y ponerle un buen filtro Valencia. Y es que un filtro lo arregla todo, incluso la autoestima.

¿No creen que cada día me parezco más a una Carrie Bradshaw en versión (más) homosexual? Me doy miedo a mí mismo solo de pensarlo.

6 comentarios el “¿Han muerto las citas a la vieja usanza?

  1. fersitu
    18/05/2014

    Me parece muy interesante lo que cuentas. Ahora bien, he de decir que yo no veo nada extraño en que una persona no folle con otra en la misma semana de conocerse. Parece ser que se ha extendido que o follas la primera noche, o es que ya no interesa… Y me parece estupendo aquellos a los que les parezca esto, pero eso es, al final, porque no hay un interés más allá de contabilizar (y contar, por supuesto) un polvo.

    ¿Qué más da follar a la segunda semana? Cada uno tiene sus plazos, pero con las nuevas tecnologías y el don de la vida 2.0 de aparentar, da la sensación que todos somos iguales, funcionamos igual, y si no lo hacemos, deberíamos hacerlo… y eso, no es así.

  2. Emilio M. Pardo Seoane
    18/05/2014

    No es con ánimo de auto promoción (tengo asumido ya el ostracismo) pero está entrada me ha recordado a algo que pensaba y escribía hace unos meses
    http://lasdoscastillas.net/siempre-nunca/
    Quizás sea una forma de explicar esos comportamientos.

    Me gustan tus reflexiones

  3. Cesar fassio
    18/05/2014

    A mi tambien me lo parece, y me gusta mas. Gracias y a seguir escribiendo que me encanta leerte…

  4. Angel F Montsanch
    18/05/2014

    Esque últimamente todo se está llendo un poco de madre y al final nos estamos pisando nuestra autoestima con tanta idealización del cuerpo (físicamente hablando) y del sexo.
    Lo del presentador me parece que lo escuché haciendo zapping, porque de otra manera te aseguro que no lo escucho ya que odio el circo dónde trabaja

    Y a otro cosa mariposa: hace 3 años tuve una cita de las de siempre y fue la mejor sensación que tuve, incluso acordándome casi todas las semanas de aquella cita en la que no hubo nada durante tres años y el mes pasado volvimos a quedar. Porque? ? Porque las cosas bien hechas bien parecen y si vamos de muy modernas terminaremos jodidos (también del coco)

  5. Sergio
    19/05/2014

    Supongo que gran parte de esto viene por acostumbrarse a obtener fácilmente lo que uno quiere al momento con un simple click y si no se consigue se descarta directamente. Parece que se deshumaniza a la propia persona y solo son perfiles en la redes sociales, cosa que me parece un poco triste.
    Y como dice Fersitu si realmente te interesa alguien no hay porque adelantarse a tener sexo, eso ya llegará porque no es lo único que te llama la atención de esa persona. Pero claro está, que también hay gente que cree que es una competición y si no te lo tiras antes que otro no vale la pena o peor, que creen que está perdiendo el tiempo.

  6. caballerobohemio91
    27/05/2014

    En mi opinión, los hombres, por lo general, funcionan mejor con el deseo y la atracción que genera la espera de ese ansiado trofeo, cuanto más esperas más ganas tienes, pero lamentablemente casi siempre desaparece una vez alcanzada la meta. Sin negar que el sexo es una parte importante, pienso que no es prioritaria. El sexo se puede modificar, amoldar, pero no la compatibilidad y el “feeling” o la personalidad. Nos quieren acostumbrar a que es así y es normal, pero somos libres de escoger como queremos mantener nuestras relaciones, si más esporádicas o tradicionalmente románticas, con citas y todo eso (la industria del cine ha hecho mucho daño con eso también). Lo único que puedo añadir personalmente como algo negativo (mis comentarios de antes son de carácter imparcial) es que hemos perdido el valor y el significado del acto sexual como el mayor acto de confianza y sinceridad, donde no puedes esconderte y solo eres tú desnudo frente a otra persona desnuda. El sexo no es solo placer, es también afecto. Un afecto al que le hemos restado importancia.

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Esta entrada fue publicada el 18/05/2014 por en Uncategorized.

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