EL HOMBRE CONFUSO

El vertedero confuso

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A los que se pasan por mis redes sociales les tengo fritos con las múltiples colaboraciones que hago a lo largo de la semana. Ellos guardan silencio educadamente, maldiciendo en la intimidad de sus casas y dándole a un me gusta si les interesa un poco el tema. Yo se lo agradezco mucho, no saben ellos cuanto, por eso me suele molestar cuando alguien, que se supone que está ahí por gusto, viene a cantarme las cuarenta sin motivo aparente. Antes aún pensaba que tenía que aguantarlo todo, por el bien del personaje y la libertad del público, pero eso ha terminado. Mi paciencia, que yo creía infinita, resulta que es igual de limitada que la de todos los demás. Pero, en fin, no venía yo a explicar las pautas de conducta de mis dominios.

Durante estas últimas semanas he tenido tiempo de hacer un repaso a los cuarenta años de Emmanuelle y su silla de mimbre, a las polémicas de Terry Richardson, a las meteduras de pata de Madonna en instagram -el mejor instagram de celebrity que existe-, a las salidas del armario y la creación de referentes que tanto necesitamos, a la belleza perfecta de Cate Blanchett, a las mujeres Dior y a las reinas del destape, y hasta a la perla que enfrentó a Elizabeth Taylor con la corona española. También he hecho el repaso semana a las revistas –aquí pueden encontrar la última entrega, por si tienen mucha curiosidad-, he hablado de guapos oficiales, de presentadores en horas bajas y de one hit wonders. ¿Les he estresado con tanto link?

Entre tanta actividad, he tenido tiempo para estrenarme en un nuevo medio, que es una cosa que a la gente corriente le importa más bien poco, pero a los que pasamos el día delante del teclado nos hace especial ilusión. Y más si es hablando de Boy George y su pretendida tranquilidad vital. Ah, y como no, he creado mi propia selección de concursantes para Supervivientes, mi reality favorito de la historia, aunque tenga que permanecer despierto hasta las dos de la mañana para conocer a los nominados. Desde la aparición de twitter, nuestra capacidad de concentración ha disminuido a niveles históricos -y digo “nuestra” como un eufemismo políticamente correcto, porque la mía sigue intacta-. Si un programa no ofrece trece momentos dignos de compartir con la humanidad en sus trece primeros minutos, las redes sociales se inundan de comentarios sobre lo aburrido que es y la necesidad de irse a la cama. De la misma forma que si un programa no nos ofrece exactamente lo que queremos ver en ese momento. Poco importa si el programa se dedica cada semana a un tema o si no conocemos a algunos de los invitados, en pocos segundos estamos despotricando como si no hubiera un mañana. Y yo, ahora, me pregunto, les pregunto, ¿a quién le interesa su opinión? Pues a nadie. Piénsenlo antes de comentar evidencias. El mundo se lo agradecerá.

Un comentario el “El vertedero confuso

  1. Miss Malemort
    29/03/2014

    Menos mal que están sus pequeños recopilatorios de la frenética actividad semanal, porque no hay manera de seguirle el ritmo sin dejarse algo por ahí perdido. Y eso si que no. No quiero perderme ni una línea.

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Esta entrada fue publicada el 28/03/2014 por en Colaboraciones confusas.

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