EL HOMBRE CONFUSO

Dramas en la ciudad

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En Los Ángeles no se puede ir andando a ningún sitio, tienes que coger siempre el coche porque todo está lejísimos“. Esta frase evidencia la escasez de mentalidad europea frente al progreso americano. Sí, en Estados Unidos están gordos, no caben en los ataúdes, no tienen seguridad social, no saben de geografía y seguro que la mayoría no sabe ni escribir correctamente en inglés. Muy bien, lo mismo nos pasa a los españoles, pero al menos, ellos viven en casa unifamiliares, con jardín, barbacoa y un garaje donde te caben tres o cuatro coches. ¿Nunca han pensado de dónde viene esa obsesión por las casas? Pues del horror que supone vivir en comunidad. Ese, y no otro, es el símbolo de la mediocridad. La televisión nos ha hecho creer que convivir con vecinos es algo tan maravilloso como Friends, donde compartes rellano con tus amigos, tienes un piso cuqui en Manhattan, puedes pagarlo siendo actor o camarera y, encima, tus cientos de vecinos son silenciosos y no se escucha ni el tráfico de la calle. Ah, y tienes terraza o, en su defecto, un vecino que canta por las mañanas y te gusta. El colmo de la benevolencia cosmopolita.

La realidad, evidentemente, es muy distinta. Y no hace falta trasladarse a Nueva York para comprobarlo. Los vecinos son esos seres que te saludan, con suerte, en el portal y que disfrutan martilleando los domingos por la mañana, arrastrando muebles por las noches, correteando con tacones y dejando que sus hijos lancen sus juguetes al suelo con total impunidad. Esa es la esencia de vivir en una ciudad y los constructores lo saben, por eso ahorran todo lo que pueden en aislamientos y utilizan los ladrillos con más agujeros del mercado, para que puedas escuchar a tu vecino meando desde la comodidad de tu sofá. Por eso los americanos construyen sus Wisteria Lanes, sitios donde tomarte tu café en el porche y preocuparte porque tu sótano no es lo suficientemente confortable. Amigas, en esos sótanos viven tres familias europeas. Piénsenlo antes de acudir a Tu casa a juicio.

Y ahora vendrán los que disfrutan con la vida de las calles, con el bullicio de la gran ciudad, con los bares y las terrazas, con la sana diversión de los niños, con las familias y su alegría matutina y yo, desde luego, les envidio. Que conste que no soy un hombre de campo, no tengo demasiado interés en la naturaleza ni en el internet rural, pero encontrar un bunker donde combinar tranquilidad y un wifi razonable no es tarea sencilla. Y toda esta perorata tan solo era para advertirles que estoy un poco alejado del mundo virtual, pero que no me lo tengan en cuenta. En cuanto la tecnología me lo permita, volveré a ser su nueva -antigua- pesadilla.  Y si se aburren, aquí tienen unas cuantas cosas confusas para leer, disfrutar, compartir y comentar.

3 comentarios el “Dramas en la ciudad

  1. Alex Pler
    09/02/2014

    En las series te pintan una convivencia idílica en los bloques de apartamentos de Manhattan, sí, pero a la hora de la verdad todos aspiran a tener una casita en las afueras, con su patio trasero y su perrito saltando por el césped recién segado. También es verdad que allí tienen más suelo edificable para poder permitírselo.

    Algo que me maravilló de EEUU es el tamaño de sus ciudades. Piensas que Madrid, París, Londres son grandes pero no tienen nada que ver con las ciudades americanas. Cuando estuve en Chicago, nuestra guía quiso llevarnos al restaurante asiático más auténtico de allí. Nos llevó en coche. Dejamos atrás el centro, las afueras, seguimos conduciendo a través de parques, bosques, urbanizaciones, lagos… Y dije: “Pensaba que el restaurante estaba en Chicago”, a lo que ella me respondió: “Y lo está. Esto sigue siendo Chicago”.

    La gente no hace vida en el centro sino en sus casitas. Más allá del centro, las ciudades son una red de zonas residenciales alrededor de centros comerciales.

  2. En mi piso no sólo oigo hacer pis… concretamente el carraspeo de mi vecina me acompaña cada mañana. ¡Maravillosas colmenas humanas! Pero oye, yo em siento menos solo.

  3. Uno
    13/02/2014

    Desde una planta bastante alta del Beverly Hills Hotel, en una habitación con toda una pared de cristal al exterior, intenté adivinar qué tiempo hacía por la forma de vestir de la gente en la calle. No vi ni una sola persona caminando en aquel inmenso y desolador paisaje urbano. O sea.

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Esta entrada fue publicada el 09/02/2014 por en Uncategorized.

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