EL HOMBRE CONFUSO

¿Qué le pasa a la moda, doctor?

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Llevo ya muchos meses, años, diría que décadas si eso no fomentara la creencia popular de que soy un señor que pasa de los cincuenta, escuchando aquello de “¿Qué le pasa a la moda, doctor?“. Decenas de revistas, webs y algunos blogs viven de ello -otros viven de aprovecharse de ello, que es distinto y, normalmente, viene acompañado de muchas florituras y buen rollismo, que es la forma más extendida de esconder la ignoracia-. Que si el problema de las marcas, que si el branding, que si el desconocimiento de la industria, que si el baile de diseñadores, que si la figura del director creativo, que si las embestidas de las marcas low cost, que si esas marcas low cost en verdad no son nada low cost, que si las fluctuaciones de la economía, que si las colecciones cápsula, que si el hundimiento del negocio, que si la moda española no existe, que si David Delfin será el activo o el pasivo en esa relación, todo una cortina de humo para ocultar el verdadero problema. A la moda no le pasa nada, hay que empezar a asumirlo. Siempre vemos los tiempos pasados desde un punto de vista subjetivo y eso nos lleva a mezclar recuerdos, nostalgias y amores perdidos y, claro, acabamos echándole la culpa a la moda, cuando aquí, señores, la culpa es nuestra. Sí, nuestra, he dicho.

La moda no hace más que adaptarse a la mediocridad de nuestra sociedad. Somos los consumidores los responsables de ese barco que se hunde. Nosotros aupamos a las estrellas, les damos una importancia que no merecen, nos comemos con etiqueta y todo los productos que unas mentes brillantes creen que nos demos comer, y no solo lo hacemos, sino que encima lo degustamos, nos chupamos los dedos y vamos corriendo a nuestra plataforma, sea la que sea, para contarlo. Nos quejamos de lo que quieren que nos quejemos y nos conformamos con lo que quieren que nos conformemos. Puppets on a string, vamos. Evidentemente que antes había grandes talentos, genios que han pasado a la historia por el buen hacer de su trabajo, pero de la misma forma que los hay ahora, solo que permanecen ocultos debajo de una gran montaña de morralla. Una montaña resbaladiza y mal oliente, sí, pero la que nos merecemos sin más. Nosotros somos los que les damos alas, ya sea alabando o criticando, y deberíamos pensar un poco más en nuestro papel, en lugar de echarle la culpa a un concepto genérico que no tiene piernas, ni manos, ni sabe coser, ni entiende de patronajes.

A diario veo diseñadores con potencial, con ganas y con lo que ellos creen que es una buena formación, que se acomodan en sus mullidos cojines. Ven la vida pasar desde la seguridad de su atalaya, que no es más que una ilusión que dura unos años, échenle cinco, para después caer en el olvido. Para triunfar hay que arriesgar, tener un discurso claro, aunque no le convenza a nadie, y poseer una buena agenda. Ahí está todo, en la agenda. La historia del pobre huérfano sin dinero, que vivió entre carbones, hasta que su pasión le hizo quitarse la mugre para despuntar en la alta sociedad no es más que eso, una historia, y como todas, es mentira. Seguramente puedan darme un par de nombres que cumplan estos requisitos, pero serán eso, dos nombres. La suerte flota en el aire, como la moda, y a nadie se le ocurre preguntarse “¿Qué pasa con la suerte?”, así que dejemos de pontificar cuando el problema, repito, es nuestro. Somos los consumidores los que vamos a las tiendas, los que consultamos las webs, los que hablamos de uno u otro diseñador, los que escribimos sin saber nada y nos enfadamos como a alguien se le ocurra rebatirnos algo. Ya saben, cuando se repartieron las placas de justiciero de la moda había una cola muy larga y se las llevaron los cien primeros.

Dejemos de preguntarnos qué le pasa a la moda y pensemos en qué nos pasa a nosotros con la moda. Meditemos sobre lo que le pedimos a la moda y sobre lo que ésta nos da, analicemos qué hacemos nosotros por la moda y las respuestas que ella nos ofrece. No repitamos una y otra vez los mismos problemas, no nos creamos que por evidenciar algo que todos vemos y a lo que todos contribuimos, somos unos seres privilegiados, por encima del bien y del mal, cuando luego, en la intimidad, nos revolcamos en el mal como cerdos en el fango. Empecemos el años quitándonos de encima todas estas chorradas y volvamos al principio. Y, por favor, innovemos un poco, que hay cosas que de tan sobadas han perdido la capa esa de brillo que llevan por encima y que hay que pulir de vez en cuando con saliva. Más escupir y menos pontificar. Es mi recomendación de hoy. Eso y no utilizar hashtags con más de tres palabras juntas. No se entienden.

2 comentarios el “¿Qué le pasa a la moda, doctor?

  1. Paco Tocon
    22/12/2013

    pero…. es el pasivo o el activo?

  2. andytop
    25/12/2013

    Yo no lo hubiera dicho mejor, a la moda no le pasa nada lo que pasa que se nos ha ido de las manos y de tanto intrusismo y cortinas de humo inútiles cada vez es más difícil que los mortales la entiendan.

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Esta entrada fue publicada el 22/12/2013 por en Artículos confusos.

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