EL HOMBRE CONFUSO

Enfermos de sexo

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Hay cosas que nunca dejarán de sorprenderme. Veo como desde la televisión se nos dice que no pueden ponerse imágenes de hombres en erección para ver como se utiliza un preservativo, cuando apenas unos minutos antes, hemos visto como mueren personas en el telediario. Vimos como Estados Unidos se revolucionaba porque a Janet Jackson se le escapó un pezón y como no les tiembla el pulso ni un momento para emprender una guerra, eso sí, bien lejos de casa. En Madrid retiran publicidades de obras de teatro por ser demasiado explícitas pero no retirar cargos públicos por ser demasiado sinvergüenzas. El sexo es la principal obsesión del mundo. Da igual que sea para censurarlo o para exagerar sus virtudes, todo lo que huela a sexo vende -de eso vive este blog, también hay que decirlo-. Miley Cyrus chupando un martillo, los hijos de los raperos enseñando polla delante del espejo, los chulazos que cada año saca Carlos Diez en sus desfiles, los ángeles de Victoria Secret posando en París, llámenle como quieran, pero el sexo vende. Ahora, no se pasen un pelo. El sexo que podemos ver, ese que es socialmente tolerable, tiene unos límites. Las mujeres pueden enseñarlo todo, no pasa nada si nuestros niños ven mujeres desnudas en las marquesinas de los autobuses -porque ya saben, aquí cuando algo no gusta se dice que es para proteger a los niños y santas pascuas-, pero no se les ocurra poner a un hombre completamente desnudo. De hecho, a estas alturas sigo alucinado de cómo pudo funcionar el anuncio de Samuel de Cubber para YSL, aunque claro, también había versión pollaless.

Pero más allá de la televisión, los anuncios y las editoriales de moda, si hay algo que me sorprende es la concepción del sexo en la sociedad actual. Perdón, en la sociedad marica actual. No creo que el sexo deba estar encumbrado en un pedestal -esto no es Palabra de gitano-, pero tampoco pienso que se trate de una necesidad fisiológica más. Me aburre ese discurso pretendidamente naturista tanto como el de la promiscuidad sexual entre hombres por el mero hecho de ser hombres. Uno hace lo que quiere y cuando quiere. Dejémonos de intentar racionalizar todo según los patrones heterosexuales, ya saben, las mujeres son más introspectivas y los hombres piensan con la polla, lo de siempre. Ahora, si hay algo que verdaderamente me sorprende es la necesidad de contar y contabilizar. Hemos llegado a un punto en que la atracción física y los sentimientos se han difuminado para dejar paso a las batallitas, a las muescas en el cabecero de la cama, aunque ahora el cabecero es virtual y las muescas se comentan vía whatsapp. Si uno, durante la semana, no queda con seis o siete hombres diferentes y narra todas sus experiencias a quién quiera escucharlas, no es nadie. Si uno no necesita cambiar de ciudad cada cierto tiempo porque ya no le quedan hombres con los que acostarse, no es nadie. Si uno no antepone el quedar con desconocidos antes de con amigos, no es nadie. ¿Y el amor? ¿Dónde queda el amor?

Me dirán que eso no tiene nada que ver y que ahora todo el mundo es así. Es la democratización de las aplicaciones para móvil -como si antes la gente no pudiera hacer lo mismo pero sin megas de por medio-. Y puede que tengan razón, que una cosa es el ir descubriendo pollas nuevas y otra el amor. Pero me sorprende como llegado el domingo, tras haber pasado un sábado noche encerrado de baño en baño, de casa en casa, aparecen los lamentos, las ojalás y las peticiones, también a través de redes sociales, de un novio amoroso que les lleve el desayuno a la cama. ¿Es esa la fórmula adecuada? ¿Un novio que atienda los momentos de tristeza y una corte de amantes para poder seguir presumiendo delante de los amigos? Porque ahí reside todo, en presumir. Se puede maquillar de confianza, de anécdotas, de divertidos cotilleos, pero al fin y al cabo, la cuestión es acudir a alguien y contarle las aventuras sexuales que uno tuvo la noche anterior. La otra persona escuchará pacientemente, intervendrá en los momentos precisos, pondrá unas risas y unos comentarios ingeniosos, y cuando ya lo haya contado todo, desaparecerá hasta el próximo fin de semana. Así suelen funcionar las cosas.

Y no piensen que estoy censurando, ni reprochando, ni quejándome -bueno, igual eso sí, pero es un poco la marca de la casa-. Cada uno que haga lo que quiera, que disfrute todo lo que pueda y que no se reprima nunca. Yo solo digo que hay cosas que me sorprenden y, como dueño de este cortijo, vengo aquí a contarlas. Ustedes, queridos lectores, sigan con sus placenteras vidas y mediten sobre las paradojas que se esconden en este blog. Para algo se titula “el hombre confuso“, ¿no?

15 comentarios el “Enfermos de sexo

  1. Para algo se han sacado las parejas abiertas de la manga. En vez de elegir, se quedan con todo: de baño en baño entre semana y el domingo, desayuno en la cama. Somos una sociedad de cobardes.

    • zaton
      23/09/2013

      Me interesa tu opinión, pero me parece corta, puedes alargarla un poco más? Enserio.

      • Lo que pienso es que a mucha gente le da miedo la monogamia. ¿Y si se pierden los mejores años de su vida sin follárselo todo? Pero también les da miedo quedarse solo con el sexo. ¿Y si se mueren solos? Ese miedo es lo que al final mueve las modas y las decisiones que intentan vendernos como el cúlmen de lo moderno. Pero al final nunca funciona. En la vida hay que elegir, y aceptar que cuando eliges algo, renuncias a lo otro.

      • elhombreconfuso
        24/09/2013

        Pronto, pronto…

    • Javi
      25/09/2013

      BRAVO, no hubiera podido decirlo más claro.

  2. andytop
    23/09/2013

    Si es que te adoro coño!!!

  3. Ricardo Rosa Rubio
    23/09/2013

    La gente está muy sola, eso es así. Cuando se salta tanto de cama en cama, uno se anestesia y el amor hacia uno mismo y hacia el resto, se dispersa con cada nuevo polvo.

  4. fersitu
    23/09/2013

    Lo que uno quiere por un lado. Lo que se supone que el mundo, el colectivo ellos del que hablan en “Elizabethtown”. Lo que gusta a la gente estar integrada en ese colectivo ellos. El colectivo ellos es más falso que buena parte de los invitados a la Pasarela Cibeles. Así es.

  5. Mau
    24/09/2013

    (Al margen de que absolutamente todo lo que has escrito es una verdad indiscutible)

    La única razón por la que es más “escandaloso” ver a un hombre desnudo (nótense las comillas) es porque tiene genitales colgantes, mientras que la mujer no. Ahí reside el ‘Niño, no veas eso, que es pecado’. Es incomprensible, pero es así.

    Un saludo.

    • Ada Veen
      26/09/2013

      Y las tetas, ¿qué? ¿Es que no cuelgan las tetas? Venga ya hombre, el motivo es muchísimo más complejo que eso.

      • Ada Veen
        26/09/2013

        Estoy completamente segura de que tiene mucho más que ver con lo aceptable socialmente que es el deseo sexual, dependiendo de quién proceda; si un hombre se excita observando a una mujer desnuda no pasa nada, porque es lo más natural del mundo, pero es inconcebible y vergonzoso que una mujer, o un hombre, se exciten viendo a un hombre desnudo; la mujer, porque tradicionalmente se ha considerado como un ser maternal y ajeno a la sexualidad, y y el hombre por maricón (con perdón), y por ir contra natura.

  6. Pingback: ¿Estamos enfermos de sexo?

  7. moi
    26/09/2013

    Me temo que tienes un sesgo de percepción. No conozco el mundo homo más que superficialmente, por algún contacto que he tenido, tanto carnal como social. Por otro lado, conozco el mundo hetero, que finalmente, a falta de pruebas más contundentes acerca de mi bisexualidad, es al que pertenezco por costumbre. Las muescas en la cama se llevan poniendo desde hace décadas tanto en un mundo como en el otro. Pero de aquella no había redes sociales y tonterías de esas, y por tanto la actitud ”me lo tengo que follar todo” no se visualizaba más que en charlas privadas o poniendo la oreja. Ahora la gente ha perdido bastante el recato, y qué quieres que te diga, a mí me gusta, porque me deconciertan los contextos en los que las conductas son secretas.

    Respecto al pene como ”mal actor” creo que hemos mejorado mucho, al menos en el cine, donde ya se ven con relativa frecuencia. Todo se andará…

    • elhombreconfuso
      26/09/2013

      Desde luego, mi percepción está sesgada, Moi. Mi conocimiento del mundo heterosexual en este sentido es bien limitado. Y claro que las muescas en el cabezal han existido siempre pero ahora hemos pasado de comentarlo con un amigo a contárselo al primero que pasa. Pero que me sorprenda una parte no significa que piense que no hay que tener libertad. ¡Cuánta más libertad siempre mejor!

      • moi
        26/09/2013

        En mi humilde opinión en el mundo hetero hay una pequeña variante, obvia por supuesto: los dos afectados (como mínimo siempre hay dos) pertenecen a sexos diferentes, y por tanto juegan papeles sociales diferentes. Tras haberlo analizado un poco, he llegado a la conclusión (provisional) de que hay un desequilibrio oferta-demanda. Al parecer, por razones culturales, educativas y de eficiencia biológica los hombres actúan como demandantes y las mujeres como oferentes. Pero la demanda supera a la oferta, es decir, hay más hombres que mujeres buscando un rollo. En esa situación el precio se incrementa (lo que explica que la prostitución, es decir, sexo a cambio de dinero en metálico, sea mayoritariamente femenina). Un hombre promiscuo se lo tiene que currar un poco para encontrar pareja con la que copular, y las posibilidades de errar el tiro son altas. Ese es el origen del mito de que los hombres siempre están pensando en follar. No es así: simplemente ocurre que para los hombres follar a una (des)conocida siempre le supone un riesgo menor que a una mujer follarse a un (des)conocido, puesto que el hombre no puede quedarse embarazada y la mujer sí. Es una cuestión de inversión de recursos. La evolución de los métodos anticonceptivos ha ido más veloz que el cambio de mentalidad femenina, pero aún así otorga a la mujer un poder superior al hombre en cuanto a las relaciones sexuales. En ese contexto, una mujer promiscua se pone las botas, pues siempre pilla, salvo casos muy puntuales. Por eso la iglesia rechaza la anticoncepción, pues priva al hombre del único poder que posee por encima de la mujer: la capacidad para fecundar.

        Desconozco si esa teoría es correcta, y como se puede aplicar al mundo homo. Soy todo oídos.

        Saludos.

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Esta entrada fue publicada el 23/09/2013 por en Artículos confusos, Uncategorized.

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