EL HOMBRE CONFUSO

El duro oficio de escribir y cobrar por ello

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Hace unos días, uno de los hombres más talentosos del país, escritor, periodista y muchísimas otras cosas -verdaderas, claro, no como las que engrosan el currículum de muchas starlettes y blogueras- se hacía un Bette Davis en sus redes sociales. Comentaba que quería emprender nuevos proyectos, colaborar con nuevos medios, en papel, virtuales o de cualquier clase, pero con remuneración. Yo, en ese momento, deseé tener cantidades ingentes de dinero para ofrecérselo. Le pediría que fuera guionista de mi vida, que me soplara frases ingeniosas por un pinganillo, que se instalara en este blog y escribiera todo lo que se le pasara por la cabeza. No quise ni pensar que yo me encuentro en la misma situación, en la de búsqueda de proyectos que a la par de resultar interesantes, conlleven una prestación económica que, si bien no da para vivir, alegra bastante el bolsillo. Aún así, entiéndanme, ya me gustaría tener su trayectoria guardada en mi cajón. Sé que son ustedes curiosos y se preguntarán quién es esta persona. Me debato entre darles el nombre o reservarle un cómodo anonimato. Les diré que es alguien que admiro mucho y que pasó por este blog sometiéndose gustosamente, o eso espero, a una entrevista confusa. Pueden ir teorizando.

Uno puede pensar, o al menos así se lo han hecho creer, que en los comienzos está bien prestarse a trabajar gratis para así ir engrosando el curriculum. Un curriculum que, por otra parte, nadie consulta, pero en fin, esa es la excusa. Ahora, cuando uno lleva ya varias décadas ejerciendo determinada profesión, ¿también debe trabajar gratis para ganar experiencia? ¿renombre? ¿una línea más que rellenar en linkedin? No, señores, simplemente para que a su empleador le resulte infinitamente más barato contratarle. Ah, no, que contrato tampoco hay. Debemos entender, o eso es lo que se pretende, que genera muchísimas más visitas un ranking sobre los mejores momento de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, que un artículo de opinión, bien fundamentado, bien escrito y con las referencias adecuadas. Vivimos el momento del placer instantáneo, del click furioso y la broma chusca repetida centenares de veces en cuestión de pocas horas -creo que más de uno estará tentado de apagar el ordenador si digo “café con leche”-, la era del community manager, que no deja de ser lo mismo que el que va dejando papelitos en los parabrisas, pero desde la comodidad del hogar y de una silla de ikea. Abrirmos una aplicación, seleccionamos el torso que más nos gusta de entre los que nos ofrece el mercado, le decimos cuatro frases manidas y en menos de media hora estamos en su desconocido hogar comiéndonos su desconocida polla. Y si en el sexo es así, ¿cómo va a ser diferente en la escritura? Porque aunque muchos no lo crean, ambas cosas son necesidades fisiológicas.

Cualquier profesión que no tenga un contrato laboral y un horario fijo está abocada al trabajar gratis. Da igual que usted escriba, ilustre, diseñe o investigue en una Universidad pública, en todos los casos, alguien le ofrecerá la posibilidad de trabajar gratis. De hecho, lo harán como un favor, sin reparos y mostrando lo magnánimos que son al dejarle una mesa en la que sentarse o una web en la que publicar. Y créanme, en ningún caso me parece correcto, pero cuando el empleador, sea del sector que sea, se está llevando su buen dinero, entonces ya no hablamos de tener un poco de morro, sino de denigración absoluta. El problema, como ustedes ya saben, es que siempre habrá alguien dispuesto a hacer estas cosas y entonces ya la hemos fastidiado. Cosa distinta es que usted crea en un proyecto, decida contribuir y apoyarlo, esperando que en un futuro no muy lejano, despegue y se convierta en un trabajo del que estar orgulloso. Todos los comienzos son difíciles y uno no puede pretender hacerse rico en cuestión de meses, pero de ahí a pensar que la gente disfruta trabajando gratis…

Al final uno opta por buscarse la vida. Bien renunciando a la escritura y volviendo a la búsqueda de un trabajo gris, ese que ya abandonó, o del que fue abandonado, y que ahora ya no existe, o bien se dedica a escribir como un loco confiando en que, en algún momento, alguien le hará caso y podrá contar con unos eurillos que llevarse al carro de la compra. Ay, cada vez estas entradas acaban pareciéndose a las míticas reflexiones tristonas que publicó en su día Jimina Sabadú en Mondo Brutto. Pero no todo es tristeza, incluso en la dificultad, uno encuentra un motivo para alegrarse. El mío se llama Andrés y es un relato, o novela corta, que he decidido autoeditarme. No, como se imaginan, las ventas no es que hayan sido una maravilla, pero he disfrutado viendo como las pocas personas que han decidido adquirirlo, han venido luego a decirme que les había gustado. Esto es un medio virtual, no van a tomarse un café conmigo para contarme qué les ha parecido -compromiso en el que nunca pondría a nadie, por otra parte-, el que viene es porque quiere y yo se lo agradezco. Llámenme sentimental, pero no olviden que pueden unirse a ese club haciendo un sencillo click aquí.

Mientras tanto, piensen que todo aquello que leen a lo largo del día, lo ha escrito alguien. Alguien que, seguramente, no gana mucho dinero por hacerlo, alguien que no viajó con Amaia Salamanca a la presentación de las olimpiadas, alguien que pasa mucho rato sentado en su silla de Ikea y con el irremediable dolor de culo que eso provoca, piénsenlo y conciénciense. Y si se les ocurre algún sitio donde este humilde hombre confuso pueda serles de ayuda, no duden en escribirme. Les recibiré con los brazos abiertos.

3 comentarios el “El duro oficio de escribir y cobrar por ello

  1. “Pero hombre, si no te cuesta nada… Son cuatro frases…”.

    El problema de los trabajos artísticos es que parece que la inspiración cae del cielo y cualquier podría escribir si se pusiera. Solo que ellos no tienen tiempo y te consideran a ti un vago que se dedica a eso que nadie más quiere hacer. Así son las cosas.

  2. Diego
    13/09/2013

    Pues oiga, me ha encantado su texto. Tiene mucha razón. ¿Quién es el valiente que se atreve hoy a comprar palabras? ¿Cómo puede vivir una persona que el único servicio que ofrece a la gente son renglones y renglones de letras? Bueno, quizás esto ha venido pasando desde siempre y solo unos cuantos han sido los afortunados de disfrutar y valorar este oficio.

  3. Juan Pérez
    15/09/2013

    Totalmente de acuerdo con el artículo. Yo llevo mucho tiempo diciendo lo mismo, pero para el sector de la informática.
    ¿Qué es eso del software libre, de que te metas en internet y esté todo gratis…?

    Detrás de cada software hay gente trabajando muchas horas, y esa misma gente luego encuentra trabajos de mierda mal pagados, porque el desarrollo de software se está llevando a India y China.

    A veces se paga viendo publicidad, pero otras muchas veces no (como por ejemplo las herramientas de publicación de blogs,..)

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Esta entrada fue publicada el 13/09/2013 por en Historias confusas, Uncategorized.

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