EL HOMBRE CONFUSO

La cultura del chascarrillo

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Abran su twitter, si es que tienen uno. Consulten quién o quiénes tienen más seguidores. Descarten a los famosos de la lista, incluso a famosos que una madre no conocería pero que ustedes saben que son famosos. Les quedarán unos cuantos perfiles repletos de seguidores y posiblemente no entenderán el porqué. Ya se lo digo yo. Es la cultura del chascarrillo. Uno tiene la obligación de ser ingenioso en ciento cuarenta caracteres y los demás debemos aplaudirles. Sí, ahora me vendrán con esos estudios que intentan convencernos de que esta brevedad fomenta la agilidad mental, obliga a estructurar las frases y a focalizar la atención. No se crean nada. ¿También pensaban lo mismo cuando Ángel Garó salía en los programas de José Luis Moreno? Pues él, al menos, cobraba por ello. Son nuestros nuevos líderes de masas. Gente que tuitea constantemente, responde con frases lapidarias y retuitea muy poco, porque en el fondo, no les hace ninguna falta. Ellos son los creadores de las frases que la humanidad debe compartir, no al revés. Ténganlo claro.

Vivimos para las redes sociales. Compartimos los lugares que visitamos en foursquare, aunque a nadie le interesa saber que estamos tomando un café en una cafetería cualquiera de barrio. Creamos gifs y montajes fotográficos con paint para que nuestros amigos nos den unos “me gusta” y los compartan en sus muros de facebook. Escribirmos “jajajaja” sin inmutar el gesto y continuamos cotilleando las fotos de nuestros ex’s. Pasamos las vacaciones obsesionados con hacernos fotos diarias en la playa para subirlas a instagram. De hecho, nos hacemos varias el mismo día y las vamos dosificando a lo largo del mes. Da igual que el bañador sea siempre el mismo, nadie lo va a notar, total, solo nos interesa lucir pectorales y piernas, que para algo pagamos el gimnasio. Aderezamos la felicidad vacacional con algunas fotos donde se intuya que vamos desnudos -ya saben que instagram no deja enseñar-. Esperamos que todos nuestros seguidores lo comenten. Nos relamemos de placer y ponemos emojis para hacernos los interesantes. Instagram está a nuestros pies, lo sabemos y nos gusta. Entramos en twitter y comentamos los realities y las galas de premios. Ponemos el hashtag correspondiente y desplegamos todo nuestro ingenio. Otros twitteros que hacen lo mismo nos incluyen en sus listas de twitteros influyentes. También se incluyen a ellos mismos y no muestran ningún reparo. Ya no ven la televisión, ya no leen libros, ya no pasean por la calle. Ahora twittean, duermen y vuelven a twittear. #Confusoylasredessociales

Pensarán que me parece mal y puede que tengan algo de razón. No entiendo que tengas que comentar, constantemente, todo lo que haces -aunque, paradójicamente, yo también haga lo mismo-. No entiendo que tengas que soportar que tus contertulios en una comida, en un café o en una fiesta, tengan que estar todo el rato atendiendo sus móviles. ¿Tan aburrida te parece mi conversación? ¿Tan prescindible mi presencia? Pues no haber quedado conmigo, que total, tengo otros planes pendientes. Ellos dirán que no, que es solo un momento y porque tienen que responder unos whatsapp que le han enviado, pero para mí, para el resto, son largos minutos de mirar la pared, bostezar y hacer como que bebes para disimular el hastío. “Ok, luego te respondo con calma que estoy tomando un café”. Es sencillo, pruébenlo, sus amigos lo entenderán y no se enfadarán. Es un consejo que les doy en un día lluvioso, contraviniendo mi máxima de no dar consejos a nadie. Pónganse una película, disfruten de ella, no hace falta que digan lo que están viendo cada diez minutos, no hace falta que nos digan si les gusta o no les gusta, véanla y luego opinen, si es que necesitan opinar. Piensen que, seguramente, a nadie le interesa. Y, sobre todo, nunca pidan un retuit, por favor. De hecho, eliminen a toda la gente que se atreva a pedirlo. El mundo se lo agradecerá. Bueno, el mundo no sé, pero ustedes se quedarán más tranquilos.

3 comentarios el “La cultura del chascarrillo

  1. Alex Pler
    31/08/2013

    Sal de mi cabeza.

    Supongo que viendo el ingenio de los demás y la vida perfecta de la que hacen gala, uno cae en la tentación de hacer lo mismo. Y es que lo ponen tan fácil, las redes sociales… Todos parecemos algo hablando de nada.

  2. Eva
    04/02/2016

    Lo primero y antes de nada, felicitarte por el blog, acabo de descubrirlo, me parece interesante, diferente y atrevido. Estoy totalmente de acuerdo con el artículo, parece que se nos ha olvidado disfrutar de las pequeñas cosas sin estar pendientes de un teléfono móvil o de un “Me gusta” de Facebook.

    Me he sentido identificada, en el sentido de que estás comiendo con un amigo o familiar, y esa persona no para de mirar o escribir por el móvil. En ese momento, como bien dices, no sabes si mirar a la pared o a tu plato de comida. Me pueden tachar de “clásica”, pero espero que no perdamos esas “viejas costumbres” en la que puedas disfrutar de una buena conversación mirando a los ojos de una persona y no a las teclas de un móvil. Un saludo Hombre confuso.

  3. Murúa
    17/02/2016

    ¿Y realmente tiene algo de malo ó sólo por no ser de tu agrado? Digo, normalmente las críticas y/o análisis aun que a veces van uno justo enseguida del otro, no dejan de ser dos cosas totalmente distintas.
    Hey! ¿O acaso se trata de algo así como un huevo de pascua por aquello de “confusión”? Jaja

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Esta entrada fue publicada en 30/08/2013 por en Artículos confusos y etiquetada con .

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