EL HOMBRE CONFUSO

Lo mío es pura inconsciencia

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El opinar se nos ha ido de las manos. Reconozcámoslo. Hemos llegado ya a un punto donde todos podemos decir lo que nos apetezca, sobre cualquier asunto y sin ningún tipo de consecuencia. Y no crean que me refiero a las descalificaciones, o al insulto fácil, qué va, no voy por ahí. Hablo de un mercado virtual hambriento de artículos que da por válida cualquier cosa, tenga o no sentido, tenga o no coherencia, siempre que rellene un hueco y lleve una bonita foto. Que usted no ha hecho una abdominal en su vida pero le piden que escriba un texto sobre las ventajas del vientre plano y los trucos para conseguirlo, pues lo hace. Que usted no sabe distinguir el rojo del rosa, ni la seda del tergal, pero se le ha metido entre ceja y ceja que tiene que analizar todas las pasarelas del mundo, pues lo hace sin problema. Que usted ha visto un artículo que le gusta y decide copiarlo pero cambiando el dato por chiste, pues adelante, se lo publicará una de las principales revistas de tirada nacional. Y así nos va. Luego nos quejamos, nos enrabiamos y hacemos lo que haría toda persona comprometida: ir a twitter a contarlo.

Entiendo, como deben estar pensando ustedes, que no hace falta hacerse un “21 días” para adquirir unos conocimientos mínimos de un tema y plasmarlos en tres o cuatro párrafos. Aquí, en este blog, sin ir más lejos vivimos de eso. Pero también entenderán, o así espero que lo hagan, que cuando uno se está ganando un dinero, cuando uno ocupa un puesto al que podrían aspirar otros millones de personas, cuando uno estampa su nombre y lo publicita en sus redes sociales, qué menos que ser un poco consecuente. Todos aprendemos de errores, todos depuramos nuestro estilo con la práctica, y a todos nos hace falta que alguien nos de una oportunidad para así poder ir avanzando. Da igual que uno escriba, fotografíe o haga rentas, si nadie nos abre la puerta, no hay forma de meter cabeza – nótese la utilización del verbo “meter” como símbolo sexual que siempre hace más atractivo el texto-. Pero de ahí a considerar que uno tiene más oportunidades de colaborar con un medio de comunicación, del tipo que sea, si tiene un blog donde sube fotos suyas acudiendo a eventos, que habiendo estudiado la carrera de periodismo, hay un paso de gigante. Y no crean que me puede la envidia -bueno, solo un poco-, que yo ni tengo un blog donde subo fotos mías, ni he estudiado periodismo. Lo mío es pura inconsciencia.

Y no piensen que vengo aquí a reclamar justicia, o a decirle a los editores lo que tiene que hacer o dejar de hacer. Ellos sabrán sus motivos y como diría cualquiera, yo mismo de hecho, si no te gusta lo que ves, móntate tú tu propia revista. Pero aún así, déjenme mostrar mi sorpresa ante esta, cada vez más extendida, ¿dinámica literaria? Hemos dejado atrás la opinión, entendida como el análisis de algo concreto, para creer que eso es información. Hemos entrado en una espiral de lugares comunes, de referencias manidas, de símiles repetidos hasta la saciedad, que nos llevan a ir saltando de medio en medio, buscando algo que nos atraiga, algo que sea mínimamente interesante. Hemos llegado al punto de creer que un publirreportaje patrocinado por una marca tiene tanto interés que le dedicamos más atención que a cualquier entrevista -excepción hecha de las protagonizadas por it-girls y demás estrellas mediáticas-. Y así nos va. En este momento, donde crear una plataforma propia no puede ser más sencillo, donde encontrar tus propios colaboradores no puede ser más fácil, en lugar de ver nuevas propuestas, en lugar de ver señas de identidad que no hubieran encontrado el lugar que les corresponde en los medios tradicionales, optamos por hacer más de lo mismo. Y si alguien se molesta por innovar, que no sufra, en cuanto tenga beneficios económicos, alguien llegará dispuesto a quitarle todas las rarezas y convertirlo en uno más del montón. Marketing dicen que se llama.

Y hasta aquí las reflexiones cascarrabias y desencantadas de un hombre confuso. Mañana prometo volver con un decálogo de estilismos para festivales, unos consejos para el cuidado del cabello y, seguramente, hasta un top ten de estrellas de instagram. Permanezcan atentos. ¿Se lo van a perder?

2 comentarios el “Lo mío es pura inconsciencia

  1. Andytop
    01/06/2013

    no me has dejado nada confuso, me ha quedado todo muy pero que muy clarito, razón no te falta.

  2. Miss Malemort
    01/06/2013

    No creo que lo suyo sea inconsciencia, más bien una agradable lucidez muy dificil de encontrar.

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Esta entrada fue publicada el 01/06/2013 por en Uncategorized.

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