EL HOMBRE CONFUSO

Escritores mediáticos

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Darse un paseo por la sección de libros de cualquier centro comercial es todo un espectáculo, un entretenimiento lleno de sorpresas, una diversión a la altura de repasar los modelitos de las egobloguers patrocinadas por revistas de moda, un guilty pleasure en toda regla. Y eso es lo que hice hace un par de días, aprovechando las promociones pensadas para el Día de la Madre -de las madres interesadas en la lectura, que viendo las estadísticas de población española, deben ser pocas, pero regalar un libro siempre es mejor que un invitación a un Sálvame Deluxe-. Les voy a contar mi experiencia como si de un reportaje de investigación se tratara, así que imagínenme con una bonita camisa a cuadros blancos y azules, unos vaqueros ajustados, dientes muy blancos, maquillaje mal puesto y un cámara en chándal que me sigue corriendo, maldiciendo y mascando chicle, todo a la vez. Allá vamos:

Me adentro en un conocido centro comercial, ese que tiene un logo de forma triangular con fondo verde y letras blancas, pero cuyo nombre no voy a revelar. Incomprensiblemente hace más calor dentro que fuera. La sección de libros se encuentra a la derecha de la entrada, justo detrás del guarda de seguridad y de una señora con chaqueta roja muy, muy grande, que se encarga de controlar que nadie se escape sin pagar. En un primer golpe de vista me quedan claras tres cosas: 1) el Papa despierta mucho interés; 2) la maternidad/paternidad despiertan mucho interés; y 3) Albert Espinosa despierta mucho más interés, a juzgar por el enorme cartel promocional de uno de sus libros de título que busca ser ingenioso pero acaba pareciendo absurdo. Empezamos mal. Repaso la mesa de libros destacados, novela histórica en su mayoría, combinado con alguna intriga, alguna historia romántica y un ejemplar de Juego de tronos que alguien ha decidido dejar en la mesa, como cuando te das cuenta en el supermercado que no necesitas aceite y lo dejas en la sección de galletas. Compruebo, aliviado, que no he leído ninguna de las recomendaciones de la cabeza pensante del centro comercial, y que no hay nada relacionada con las sombras de Grey. Aunque esta alegría termina pronto. Tienen una sección especializada en el género…

Los editores deben pensar que somos tontos, o nos toman por ello, que todavía me parece peor. ¿Recuerdan cuando le pedían a su madre que les comprara la película de “El Rey Leon” y ella traía otra, con idéntica carátula, pero titulada “El Principe León”? Pues este mismo truco publicitario, consistente en confundir y engañar al lector desinformado, está siendo explotado hasta la saciedad en el campo de la novela erótica para señoras de bien. Eso, o que las señoras de bien necesitan altas dosis de softporn. No pienso comprobarlo, ya se lo advierto. Además de la famosa trilogía y centenares de exploits, puede uno encontrar la versión humorística española, donde el Grey en cuestión es un hombre típicamente español, a lo Marianico el Corto, y tiene los mismos problemas que en “Escenas de Matrimonio”. Me pregunto si José Luis Moreno está detrás de todo esto, pero me respondo a mi mismo que mejor aparto esa idea de mi cabeza. No sé si ustedes tendrán miedo, pero yo sí. Mucho. Así que continuo avanzando, a mi propio riesgo, lo sé.

Descubro que “Bienestar”, es decir, autoayuda, “Filosofía”, es decir, religión, y “Biografías” comparten espacio. Uno puede informarse sobre las últimas horas de Hitler, consultar las obras del retirado Ratzinger y tratar de superar el miedo a la báscula, en menos de 2 metros cuadrados. Si esto no es una de las ventajas de la evolución, que baje Dios, o la deidad correspondiente, y lo vea. Buscando, sin éxito, la biografía de Grace Coddington, me encuentro con una de los grandes éxitos de la temporada -inspiración, a su vez, de una de las grandes secciones de este blog-, “¿Qué haría Vicky?“, por Vicky Martín Berrocal. Un librito diminuto, a letra 14, donde Vicky té da consejos sobre la vida. Reconozco que, en ese instante, una fuerza irresistible me empuja a esconderlo dentro de los pantalones y llevármelo conmigo a casa, pero la poca ética que todavía me queda y las insistentes miradas de la señora de la americana roja, disuadieron mis intenciones. En su lugar, les recomiendo que acudan a su librería preferida y le echen un vistazo, entenderán porque Vicky dice que tardó cuatro meses en escribirlo.

Al lado de las biografías encuentro la revolución de la temporada, la forma más absurda de colapsar el mercado literario: los libros sobre la experiencia como madre. Y no se lleven las manos a la cabeza, al menos, no todavía. Todos entendemos que la economía está difícil, que las ventas han bajado, que hay mucha gente detrás de este negocio y que se necesitan rostros conocidos para fomentar la compra de aquellas personas que, normalmente, no leerían una novela, pero sí tienen curiosidad por aprender cosas nuevas o descubrir nuevas vivencias. De acuerdo. También comprendo que escribir una historia es difícil, muy difícil, que no todo el mundo está capacitado y que resulta más asequible tratar una vivencia propia, pero, realmente, ¿a alguien le interesa lo que pueda contar Carla Goyanes sobre su embarazo y posterior parto? ¿o Fran Blanco, en su versión masculina? Este fenómeno me tiene totalmente desubicado. Casi tanto como el libro de sexo de Nuria Roca, los consejos para treintañeras de Carmen Alcayde o las Wacu girls de Fiona Ferrer. Pero no se confundan, o mejor dicho, no confundan cosas. Por mucho que agrupemos a mucha gente bajo la categoría “escritores mediáticos”, por el mero hecho de ser famosos, no piensen que todo es lo mismo, que todo el monte es orégano -¿he dicho ya que esta expresión me gusta y me parece muy erótica?-. No es lo mismo publicar tres novelas y que sea un éxito las tres, que sacar una biografía novelada, ni es lo mismo parir, siguiendo el símil, una novela de cuatrocientas páginas que un libro recopilatorio de entradas de un blog. Cada uno que compre lo que quiera, pero que no mezcle churros con merinas -esta expresión, en cambio, me parece horrible y bastante zafia-.

A estas alturas, el cámara ya no puede más, el calor ha destrozado mi preciosa camisa azul y blanca, los zapatos empiezan a rozarme, no me queda ni una pizca de maquillaje y los dependientes de la sección de libros me habían preguntado tantas veces que si quería algo que estaba a punto de enloquecer. Así que decimos terminar el reportaje, buscar una terraza y sentarnos a criticar al gobierno y hablar de Rosa Benito mientras llegaban las cervezas. Ay, España…

Y yo les pregunto, ¿creen ustedes, queridos lectores, que algún editor se interesará por una recopilación de entradas de mi blog? Está claro que yo no soy tan famoso como Mercedes Milà, pero estoy dispuesto a restregarme con cualquier concursante de Gran Hermano si hace falta…

Un comentario el “Escritores mediáticos

  1. Abel Enrique Bea
    07/05/2013

    Lo dicho

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Esta entrada fue publicada en 06/05/2013 por en Artículos confusos, Uncategorized y etiquetada con , , .

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