EL HOMBRE CONFUSO

Esto acaba como empezó

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O porque Fiona Ferrer es la causa de todos tus males.

Tu eras una chica normal, ibas a clase en autobus, te sentabas en cuarta o quinta fila, llevabas un bocadillito que te habías preparado en casa, tomabas café de la máquina, hablabas sobre cosas absurdas con tus compañeros, a veces te reías y casi siempre llegabas pronto a casa. Sí, vivías con tus padres, por mucho que te pesara, aunque tampoco te molestaba demasiado. Escuchabas música a un volumen medio, comías pipas viendo la tele y salías, a veces con unas amigas, a veces con otras. Tomabas la píldora a escondidas, no tenías novio, ni novia, ni falta que te hacía, pese a que uno de clase te parecía bastante guapo. No comprabas revistas, tampoco las leías, llevabas el pelo largo, un poco más rubio por las puntas que en las raíces, casi no te maquillabas y tu ropa era un desastre. Claro, no tenías dinero. Pero follabas bastante, en sitios horribles, pero lo hacías. Cuando podías ibas al cine, aunque no mucho, no viajabas nunca y tampoco tenías coche. Conservabas amigos de la infancia y también del instituto, rechazabas peticiones en facebook y pasabas muchas horas navegando. A tu madre no le hacía mucha gracia, pero qué importaba, si total, era lo único que podías hacer.

Te gustaba escribir, eso lo tenías claro. Extrañamente habías elegido una carrera que no te interesaba demasiado, pero te iba bien. Todo el mundo estaba orgulloso de ti, sabían que te esforzabas y que conseguías lo que querías, o lo que ellos pensaban que querías, que era algo muy distinto. Empezabas diarios, creyendo que sería una buena idea, pero tu vida no era tan emocionante y al tercer día de repeticiones, dejabas el cuaderno medio empezado. Pensaba que aquellas chicas de las películas, que describían sus frustraciones amorosas en una libreta debían fantasear mucho. Y tal vez ahí debía estar el truco, en fantasear. Se te ocurrían historias, más principios que finales, pero tampoco le dedicabas mucho tiempo, entre estudiar, salir y vivir una vida común ya tenías bastante. Tus amigas te animaban a ir de comprar y tu les hacías caso, total, ellas iban siempre más guapas y a ti te parecía bien. A veces quedabais en casa de una antes de salir, para beber y no gastar demasiado y te prestaban una minifalda y no te quedaba mal. Ellas lo decían y tu, en realidad, también lo veías. Así que decidiste que ibas a interesarte un poco más en la ropa, eso es lo que se espera y a tu madre también le haría ilusión que dejaras las camisetas por una temporada.

Decidiste invertir parte de tu tiempo virtual en cotillear los enlaces que ponían tus amigas en su facebook y así llegaste a ella. Llevaba una melenita corta, rubia, muy recta y hablaba de viajes, de vivir en Nueva York, de comprar ropa y asistir a desfiles, que, en realidad, te daba un poco de miedo, ni tenías la ropa adecuada ni sabrías como comportarte. Pero ¿y si tenía razón? ¿y si para ser feliz debías vivir así? ¿y si tenías que hacer caso a lo que decía Fiona Ferrer? Tus amigas comentaban las entradas de su blog, hablando de cosas inalcanzables como si fueran de lo más normal. Sabían a qué peluquería debían ir, qué ropa tenían que comprar, qué ciudad era la más adecuada para vivir, qué panaderías debían visitar cuando estuvieran ya instaladas en esa ciudad y hasta cuál era el mejor spa para relajarse después de una semana ajetreada. Ellas, que pasaban los días discutiendo con sus padres por dinero, hablaban de frontrows y de Universidades en Miami. Y, la verdad, a ti también te gustaría ir a Miami.

Un día te dejaron un libro. Viste que lo había escrito ella y que tenía un título extraño. Te invitaba a formar parte de un grupo de chicas, de una generación, y te ofrecía consejos para conseguirlo. Le echaste un vistazo entre clase y clase, mientras todos salían a fumar, aunque no tenías muy claro si sería una buena idea llevarlo encima. Te habla de ser perfeccionista, de ser romántica y creer que vives en una película de Hollywood, de ser elegante y estilosa, de mantener una sonrisa siempre, de anteponer a la familia a todo. Pero, ¿aquello qué tenía que ver con su vida? Ni era estilosa, ni le apetecía sonreír todo el rato, ni pensaba que su familia debía ser lo primero, ni desde luego vivía en una comedia romántica, ni había besos bajo la lluvia, ni declaraciones de amor, ni las quería, ni las necesitaba. Su vida no era así y tampoco quería que lo fuera. Cerraste el libro, lo guardaste en la bolsa y continuaste comiéndote el bocadillito, como si nada hubiera pasado. Y es que, en realidad, nada había pasado.

2 comentarios el “Esto acaba como empezó

  1. Fiona Ferrer y sus chicas Kawasakis. Bravo confuso.

  2. Mcerdan
    20/02/2013

    Daños colaterales de Sexo en Nueva York…. El día del juicio final Sarah Jessica Parker tendrá que saldar deudas con la humanidad…

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Esta entrada fue publicada el 19/02/2013 por en Artículos confusos, Uncategorized.

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