EL HOMBRE CONFUSO

La sesión II

Indian-SummerPurple-Fashion-A’12-✪-Nadja-Bender…-♡-Stylist-Caroline-Gaimari

Extrañamente, no hacía nada de frío. Ya lo había notado durante la sesión, o lo que parecía haber sido una sesión. Se había dado cuenta, ya hacía muchos años, que los fotógrafos suelen quitar la calefacción para hacer los desnudos, escudándose en lo de evitar sudoraciones, cuando lo que de verdad les interesa es que los pezones estén lo más duros posibles. “Con unos buenos pezones en portada, se venden todos los números” le dijo una vez una editora, justo antes de ofrecerse para lamérselos. Pero esta vez era diferente. Estaba desnuda, llevaba así un buen rato y no tenía ni frío ni calor, solo un poco de sed y muchas ganas de huir, pero no encontraba la forma. Había probado a forzar la cerradura de la puerta, a hacer palanca con el trípode de la cámara, incluso a lanzar una de las sillas contra las vidrieras, pero nada, no tenía la fuerza suficiente. En aquel momento le hubiera venido bien haber desayunado algo, o al menos, haber escondido su móvil lejos de las manos del equipo. Lástima que aquellos chicos le hubieran parecido tan inofensivos.

Sabía que era inútil gritar. Alguien que se había tomado tantas molestias para preparar un escenario tan convincente, no iba a olvidarse de ningún detalle. Seguramente no había vecinos cerca, ni negocios, ni tiendas, ni siquiera gente paseando el perro. Eso, o se trataba de una habitación blindada, cerrada herméticamente, sin salidas ni ventilación. Tal vez pensaban dejarla morir. Había escuchado que los secuestros express estaban de moda y ella, al fin y al cabo, era una modelo más o menos conocida, podrían hacerla desaparecer y pedir un dinero, en caso de que encontraran algún familiar suyo capaz de mover un dedo para volver a verla con vida. “Desde luego, han ido a estafar a la persona menos indicada”, pensó mientras volvía a recorrer el perímetro de la habitación. Sin mucha habilidad, quitó la cámara del soporte y empezó a golpear una de las vidrieras con el trípode. Si conseguía abrir una pequeña brecha podría, al menos, ver dónde se encontraba y si el lugar era tan solitario como sospechaba.

Entre golpe y golpe escuchó unos pasos aproximándose a la puerta. Le pareció absurdo tratar de esconderse o buscar algo con que poder atacar, estaba sola, indefensa y desnuda, ¿qué más podía pedir un secuestrador? Por sorpresa, un potente foco la iluminó directamente en la cara, dejándola ciega durante unos minutos, los suficiente para que un hombre entrara en la habitación, la obligara a sentarse en una silla y le atara manos y piernas. Ahora ya no tenía nada que hacer. El misterioso secuestrador se había situado a sus espaldas, podía notar su respiración muy cerca de la cara. “No te esfuerces, nadie sabe que estás aquí. Vives sola, prácticamente no hablas con tu familia y les has dicho a tu amigos que te ibas unos días de viaje, que no te molestaran. Ah, ¿no se lo has dicho? Tal vez he sido yo, entonces, a través de tu móvil. También fui yo quien contactó contigo para el trabajo, y quien escribió la carta, e incluso, quien la puso en el buzón de tu casa. Sí, deberías haberte dado cuenta de que no venía sellada. Aunque tampoco hubiera pasado nada, nuestro taxista tenía ordenes de traerte hasta aquí, costara lo que costara. ¿No te parece que ha salido todo muy bien?”.

La voz le resultaba familiar, aunque había conocido a tantos hombres en su vida que no podía asegurar nada. Tenía un ligero problema de pronunciación en las erres, cosa que siempre le había producido algo de ternura, y no estaba nada nervioso, habla de forma contundente, sabiéndose el dueño de la situación. Aquello le puso los pelos de punta. Hasta ese momento, no había perdido la esperanza de salir con vida, ¿quién podía tener el valor de matar a una mujer indefensa y desnuda? Pensar en su propia muerte fue demasiado y empezó a llorar. “No recuerdo haberte visto llorar cuando nos conocimos”, continuó la voz, “tampoco recuerdo haberte visto llorar cuando cogiste el dinero de mi casa, ni cuando me dijiste que no habías sido, ni cuando te confesé que te quería, ni cuando me rompiste el corazón. Me ha costado mucho intentar olvidarte y, la verdad, no lo he conseguido… Algo me decía que no iba a poder terminar esta historia, que te necesitaba a ti, que tu debías ser la que cerrara todo, visto que yo solo no podía”. En aquel instante empezaron a pasar por su memoria todas sus relaciones anteriores, todas las veces que había tenido que desaparecer para evitar problemas, todas las historias obsesivas de las que había sido protagonista y víctima a partes iguales, todas las veces que había cogido dinero de donde no debía, y sinceramente, habían sido unas cuantas. No tenía ni idea de quién se encontraba detrás de aquella venganza y eso todavía le daba más miedo.

El misterioso secuestrador, o tal vez, futuro asesino, arrastró la silla en la que estaba sentada hasta el set de la sesión, colocándola justo donde ella había estado mientras le hacían las fotos. Para evitar ser visto, le tapó los ojos con un antifaz negro. Mientras, recogió el trípode del suelo, volvió a colocar la cámara y enchufó los focos. “Deja de temblar, no voy a matarte, únicamente quiero que sientas la humillación que me hiciste pasar a mi, quiero que tengas vergüenza de ti misma, que desees desaparecer, que quieras pedirme perdón pero no encuentres la forma de hacerlo… Solo así podré continuar viviendo mi vida, y tu, si puedes, la tuya”. Mientras hablaba podía escuchar los clicks de la cámara. Sabía que todo podían ser mentiras, que no debía fiarse de nada, pero haber escuchado que no pensaba matarla, la había tranquilizado mucho. ¿Qué iba a hacer con las fotos? Salía amordazada y desnuda, era un delito, nadie se atrevería a publicarlas. Entonces, escuchó como se abría la puerta y decenas de pisadas entraban en la habitación. Aquella era su venganza, disfrutar con el espectáculo camuflado entre la gente. Pues no pensaba acobardarse, no lo haría…

“¡Bienvenida a Secuestro Extremo! ¡El programa más atrevido y espeluznante de la televisión!”

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Esta entrada fue publicada el 14/02/2013 por en Historias confusas, Uncategorized.

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