EL HOMBRE CONFUSO

Hoy quiero confesar

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Mientras escribía la segunda parte de la sesión (vean abajo), tres ideas se han cruzado por mi mente. Todas ellas muy dispares, aunque guardan un importante punto en común: me sacan de quicio. Como buen español, necesito echar una cabezadita después de comer, considero que cobrar en negro es algo común y me gusta quejarme por cosas nímias y absurdas. Y a eso he venido hoy aquí, a quejarme. Pero todavía no se vayan, que queda mucho por decir. Vaya por delante que este es uno de esos posts que se merecería varios unfollow y alguna que otra crítica del estilo “con el momento que estamos pasando y viene aquí a decir sandeces” (otra de las cosas que me sacan de quicio, pero prometo no dispersarme), y tal vez tengan razón. No son mas que esas bobadas que todos pensamos, pero puestas sobre el “papel”, que les otorga entidad y trascendencia. Aún así, allá voy. Tomen nota de mis fobias y manías.

1. ¿Y los niños? ¿nadie piensa en los niños? Hace poco leí una noticia, bueno, el enlace de una noticia en twitter, con un titular que consiguió ponerme los pelos de punta: “el triunfo de la televisión para toda la familia”. Hablaba de un famoso concurso de imitaciones, alabando las bondades de conseguir un programa que no ofende a nadie (o al menos, eso es lo que ellos creen), que puede sentar en el sofá desde el niño hasta a la abuela y que se abandera como estandarte de la televisión blanca. De acuerdo, entiendo que para cualquier productora crear un programa cuyo target sea “la humanidad”, sin importar sexos, edad o condiciones sociales, es un triunfo. Pero, ¿y los espectadores? ¿alguien ha contactado conmigo para preguntarme si me gusta esta televisión limpia? Nadie, ya se lo pueden imaginar. Me aburre soberanamente que todo tenga que ser tan correcto y tan aséptico, y que, encima, decidamos escudar nuestro propio interés en factores externos, como vienen siendo los niños. Desde aquí reivindico el derecho a apagar la televisión (o, en su defecto, controlar el mando o bloquear los canales) cuando algo no nos guste, pero amigas, déjenos vivir al resto.

2. Yo esto dejé de llevarlo en 2007. Sí, vivimos en una sociedad globalizada. Y sí, resulta difícil salir de los estereotipos impuestos por aquellas cabezas pensantes que viven en sus lujosos apartamentos, decidiendo nuestras vidas mientras recogen datos de las redes sociales. Lo sabemos, no es algo nuevo, puede que no nos guste pero debemos aprender a vivir con ello (y a rebelarnos más a menudo). Dicho esto, también debemos tener en cuenta que no todos vivimos en grandes metrópolis ni tenemos una jugosa cuenta bancaria que nos permita vestir de la forma que nos gustaría. Con pesar y realismo acudimos a las tiendas cercanas, a las multinacionales que conquistan las ciudades y, de entre las montañas de propuestas, elegimos las que más nos gustan, o en el fondo, las que mejor nos quedan. Que eso supone encontrarse con una tachuela loca, que no hay forma de escapar de los jerseis de punto, que los zapatos tienen la suela blanca por alguna incomprensible razón, pues sí, así es. No digo que esto me guste, ni que no sea capaz de buscar formas alternativas, claro que las hay, simplemente intento ser realista (o derrotista, ya no lo tengo muy claro). Lo que no haré será empezar a decir, en voz alta, cada vez que veo una prenda, eso de “yo esto ya me lo puse en…”, “yo esto ya lo vi en…”, “esto es tan…”. No, señores, la globalización es un desastre y encontrarte tres personas en la misma calle con tu mismo abrigo un drama, pero si entramos en el juego, entramos en el juego. Y sino, vayan devolviendo el carnet de estilista y cerrando el egoblog.

3. Abrir nota de prensa, cortar, pegar, añadir foto y publicar. Dice Diana Aller que la gente que tiene en blog es gente triste y hasta cierto punto, lo entiendo. Cualquiera le diría “pues tu tienes un blog” y ella seguramente responderá “así de triste soy”. Yo soy el primero que escribe lo que me apetece, cuando me apetece y donde me apetece, y vengo aquí a contar mis cosas, las historias que se me ocurren, las cosas que me gustan o me molestan, y no lo hago con ningún propósito concreto. Pero claro, me alegra mucho saber que hay alguien que me lee, que le da al “me gusta” aún sin haberlo leído y que se entretiene con mis bobadas. Todos somos un poco esclavos de los aplausos. Pero de ahí a buscar el todo por el todo, mira, no. Hace poco me quejaba de que tenemos demasiada opinión y poca información, y lo sigo manteniendo, pues considero que nutrir tu blog, tu web, tu revista, de notas de prensa copiadas literalmente y compartidas como novedad, aporta más bien poco. Y ya cuando vives de hacerte eco, tarde y mal, de noticias pasadas, de temas que están a un golpe de red social o de fotografías disponibles en la Coure, con un bocadillo más gracioso que el tuyo, entonces “apaga y vámonos”. ¿De verdad creéis que poner “mañana en el blog la noticia del momento: el Papa dimite” sirve para algo? Ay, yo es que ya no entiendo nada…

Y antes de que se emocionen, tengan en cuenta que yo había venido aquí a quejarme, que nada de esto tiene ninguna trascendencia y que yo sigo queriendo a todo el mundo al nivel de Nati Abascal, ¡o incluso más!

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Esta entrada fue publicada el 12/02/2013 por en Uncategorized.

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