EL HOMBRE CONFUSO

La sesión

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El correo decía “dentro de dos días recibirás las señas exactas de la sesión, horario y ubicación”, pero ya habían pasado cuatro y seguía sin saber nada. Nadie respondía al teléfono que le habían indicado, ni tampoco a sus correos, y la verdad es que no estaba como para tirar la toalla, le hacía falta el dinero. Terminó de vestirse y bajó a comprar alguna cosa para desayunar. Nunca recordaba que la gente normal necesita comer cuando se levanta, hacía tanto tiempo que sobrevivía a base de cafés que ya no lo consideraba necesario. Pero claro, los nervios, la espera y el aburrimiento le habían despertado un hambre inusual.

En el buzón, encontró una carta. “Apreciada Sra. bla bla bla, el próximo miércoles a las 12 bla bla bla recuerde no cortarse el pelo y acuda sin maquillaje bla bla bla responsable de comunicación”. ¿El próximo miércoles? ¡Eso hoy! La maldita cartera debía haber traspapelado su correo, como siempre, luego bien que llamaba para que le abriera la puerta. Rápidamente volvió a subir al apartamento. Gracias a Dios había madrugado y todavía le daba tiempo a llegar a la sesión. Se metió en la ducha, repasó las piernas con una cuchilla, se lavó el pelo e improvisó un desayuno a base de pan, restos de atún y medio vaso de Cocacola. Recogió las monedas que había dejado en la mesita la noche anterior y corrió a buscar un taxi. No estaba lejos, pero tampoco era cuestión de llegar sudada. Además, así aprovechaba el camino para repasar las decenas de whatsaps sin leer. Deseaba con todas sus fuerzas que el inventor de la dichosa aplicación estuviera muerto, aunque no tenía ni idea de quien era.

El taxista no paraba de mirarla a través del retrovisor mientras se tocaba el paquete. Le dijo que podía fumar si quería, que a él no le importaba saltarse las normas. Llegaron sin mucha dificultad a la dirección que ponía en la carta, un edificio antiguo, como una especie de palacete que, sin duda, había visto tiempos mejores. Dentro estaban esperando un grupo de chicos, todos con pinta de no saber qué estaban haciendo y, desde luego, no eran modelos. El más mayor, y el único sin barba, se acercó a recibirla. “Espero que no vengas con el pubis depilado como todas, queremos mujeres, no niñas preadolescentes” dijo mientras le daba dos besos. De reojo vio que ya tenían montado el set y que la iluminación era muy mala, pero no le importaba, había ido por el dinero. ¿El dinero? En ningún momento le habían hablado de cuánto iba a cobrar, igual debería preguntarlo. Otro chico se acercó con una capa roja y le dijo que debería desnudarse y quedarse solo con eso. “¿De qué color tienes los pezones? Es por si vamos a necesitar maquillarlos mucho o no”. Aquello estaba llegando a unos límites que no debería tolerar.

El maquillaje fue rápido y la sesión también. Al final resultó que eran bastante profesionales, pese a que habían contratado a demasiada gente. Con el fotógrafo y dos o tres más hubiera sido suficiente, pero así son las revistas, les gusta controlarlo todo. ¿Para qué revista sería? Tampoco se lo habían dicho, tal vez todavía no lo tenían claro. No sería una muy importante, viendo que la habían contratado a ella. Su carrera de modelo no terminaba de despegar, conseguía sobrevivir pero sin demasiados lujos, casi ni recibía invitaciones para fiestas y eso que había accedido a acostarse con un buen número de hombres de negocios, casi todos bastante atractivos. Seguramente se había equivocado con sus decisiones. Devolvió la capa y fue a buscar su ropa al camerino que habían montado con unos biombos, pero allí no había nada. Ni ropa, ni zapatos, ni su bolso. Desnuda volvió a salir a pedir explicaciones, intentando disimular los nervios, pero fuera tampoco había nadie. El set seguía intacto, incluso habían dejado la cámara y los focos, pero no quedaba ninguno de los chicos del equipo. ¿Habían montado todo aquello para robarle? Pues se habían equivocado de modelo, en su bolso solo había un par de medias, un pintalabios y su teléfono móvil, nada de valor.

La puerta por la que había entrado estaba cerrada con llave y en aquel lugar no había ventanas, todo estaba rodeado de vidrieras llenas de colores. Se estaba empezando a marear. Habían dejado una botella llena de agua encima de la mesa, junto al maquillaje, pero le dio miedo y decidió no probarla. La habían encerrado allí, ¿pero para qué? “Trata de blancas” era lo único que le venía a la cabeza, no podía encontrar otra explicación. Con desconfianza, pulsó la previsualización de la cámara pero no apareció nada. Habían borrado todas las fotografías, pues la tarjeta de memoria estaba puesta, o tal vez no habían hecho ninguna. Pero, entonces, ¿para que la habían citado? Al menos, por lo que pudiera pasar, tenía la carta como prueba. ¿La carta? La carta también estaba en el bolso…

2 comentarios el “La sesión

  1. Andytop
    09/02/2013

    necesito saber qué pasa después¡¡¡¡

  2. insermini
    09/02/2013

    ains, no nos dejes así!

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Esta entrada fue publicada el 09/02/2013 por en Historias confusas, Uncategorized.

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