EL HOMBRE CONFUSO

Lilith

Quienes suelen pasar por aquí habitualmente, o al menos eso me gusta creer, saben que guardo celosamente mi intimidad y que me prodigo bien poco, aunque no tenga demasiado mérito, pues podría pasarme el día en la calle y solo se darían cuenta cuatro afortunados. Aún así, créanme, me prodigo muy poco y cuando lo hago, trato de pasar por un ciudadano normal, de los que hacen la compra y comentan las novedades de Rosa Benito, sin necesidad de mostrar al mundo, estilísticamente hablando, que escribo en un blog (podría extenderme sin fin en este punto, pero cualquier cosa que piense ya la habrá dicho antes y de una forma mucho más acertada el oráculo, aka Diana Aller). Esto no quita que, cuando la ocasión lo merece, me calce unos buenos zapatos y me materialice allá donde se me requiera. Como una especie de Wonder Woman, pero sin tantas vueltas, ni tanta laca.

El último de estos viajes confusos ha tenido como destino un lugar que pensaba que nunca llegaría a pisar, o al menos, eso me gustaba creer, víctima del autoengaño ficticio -tan necesario como el autoplacer físico-, pero claro, ¿puede uno resistirse al estreno de la última colección de Miguel Vizcaíno? Yo, desde luego no, allí donde Miguel me llame, voy, fíjense que he terminado asistiendo a un evento repleto de bloguers de moda que lucen su condición como estandarte, de aspirantes a estilistas vistiendo idénticos atuendos, de profesionales del canapé ajeno y la copa gratis, de mujeres de empresarios valencianos venidos a menos, de ilusionadas jovencitas luchando por un streetstyle, del “ves allí que dan un vasito de Solan de Cabras gratis”, en definitiva, de la misma gente que encuentras dando un paseo por el centro pero más concentrada, con menos espacio para disimular. Igual me estoy pasando, esperen que retomo el hilo.

En medio de toda esta jauría, nació “Lilith”, la primera mujer, creada a la imagen y semejanza de Dios, pura y virginal, hasta que harta de sometimientos abandonó el Eden, abranzado la lujuria y convirtiéndose en una auténtica bruja, de las que raptan niños y buscan el semen que los hombres eyaculan en sus poluciones nocturnas. Y así, desde los vestidos totalmente nude, a los estampados, el azul, el dorado y, finalmente, el rojo, vimos como evolucionaba la colección y como a más de una se le cayan las bragas al suelo al ver a tantas mujeres destilando puro sexo -en caso de haber heterosexuales entre el público, hubieramos disfrutado de más de una erección, que la verdad, nunca viene mal-. A todo esto, pónganle unos buenos tacones, unas gafas de latón en forma de hojas y un musicón y sabrán lo que se han perdido.

Pero no crean que todo fue maravilla y lujo asiático, no, no. Tras el esplendor de Lilith, tuvimos que asistir a un desfile de antimoda, de delicados pijamitas en tonos pastel, asépticos e intercambiables, de unos interesantes complementos que resultaban imperceptibles a la vista, de repeticiones en diversos colores, de modelos luciendo auriculares de ipods fantasma, culminado todo con una actuación en directo versioneando a Rihanna sin Calvin Harris… Ay [largo suspiro], ¿era necesaria tanta tortura?

Mejor me entrego al autoplacer, que será la mejor forma de terminar la tarde.

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Esta entrada fue publicada el 18/09/2012 por en Uncategorized.

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