EL HOMBRE CONFUSO

Party Hardy. Cuarta parte

La oscura figura le siguió a través del bosque, sabía perfectamente dónde encontrarle…

Tom llegó al taller atravesando el jardín de los Morrison, donde su perro, de nombre Casper, dormitaba en la caseta, ajeno a lo que pudiera pasarle a la familia. Consiguió trepar, casi a pulso, la altísima tapia que separaba ambas propiedades, capricho de Tom, padre, quien había mandado construirla para evitar el peligro de los ladrones, cuando todo el mundo sabía que lo que realmente quería evitar era la tentación de caer en los brazos de la Sra. Morrison. Aterrizó sin problemas, y sobre todo, sin levantar demasiado ruido, gracias a la ayuda de los hilos donde solía tender los monos de trabajo sucios, buscó la llave que mantenía escondida en uno de los troncos huecos del jardín y entró en el taller. Por fin, a salvo.

El taller de los Hardy no era más que la antigua casa del tío de Emily, que dejó a su sobrina en herencia tras encontrar a su mujer, la simpática tía Mary Alice, en la cama con Edith, la encargada de la floristería. Se trataba de un inmueble dividido en tres habitaciones, dos de las cuales se reconvirtieron en un único espacio, acondicionado para colocar los grandes equipos, dejando la habitación del fondo como pequeño estudio, con una mesa, dos sillas y una cama plegable, pues a Tom, padre, le gustaba echarse un rato después de comer. El inmueble contaba, además, con un baño exterior y un pequeño jardín, donde se cultivaban algunas hortalizas para consumo de la familia. Sin duda, no hubiera podido encontrar un lugar mejor para esconderse.

El celoso tío de Emily, tal vez con motivo, había construido innumerables compartimentos secretos por toda la casa, escondidos en paredes y suelos, en falsos techos, hasta detrás del pequeño espejo del baño podía encontrarse un doble fondo si uno sabía la forma de abrirlo. Durante años, Tom, hijo, se había dedicado a localizar todos estos escondites, animado por su propia madre, que no podía ocultar el ansia por descubrir los secretos de su familia, aunque finalmente los resultados obtenidos fueran bastante decepcionantes. Cuando entró a trabajar en el taller, alertado por la tiraría de su padre, Tom empezó a utilizar estos compartimentos para ocultar parte de las ganancias que obtenía con sus reparaciones. Primero eran simples monedas, fruto de las propinas que los clientes solían dejarle, pero poco a poco llegó a amasar una cantidad considerable que pensaba dedicar al bienestar de su futura familia, pero ahora las cosas habían cambiado.

En una de las bolsas de lona que utilizaba para las herramientas, fue recopilando el dinero que tenía escondido, un par de cuchillos bien afilados, material para escribir y uno de los impermeables más nuevos, de todas formas, ya no iban a necesitar tantos. Se desnudó completamente y guardó la ropa que llevaba puesta en el doble fondo del espejo del baño, uno de los escondites que estaba seguro de que nadie conocía. Aprovechó para recortarse el pelo, sin mucha habilidad, perfilarse el bigote y lavarse la cara. Sin saber muy bien cómo, su cuerpo había cambiado mucho en los últimos meses, aunque no recordaba nada del proceso, hubiera jurado que despertó una mañana y todo ese vello púbico estaba ya allí. Se puso unos pantalones de trabajo, una vieja camisa y dejó uno de los abrigos al lado de la bolsa de lona, listos para huir en el primer tren. Pensó en comer algo, pero la sola idea de ingerir comida le revolvía el estómago, mejor dejarlo para la mañana siguiente, debía descansar, le esperaba un futuro muy incierto por delante y no sabía cuando, ni donde, encontraría una cama de nuevo.

Una nebulosa de pesadillas y sueños confusos le abordó a los pocos segundos de conciliar el sueño. La habitación se llenó de risas y ojos curiosos, de prostitutas y gritos, vio a su padre muerto bajo los grandes pechos de Jocelyn, a Miss Bowery persiguiéndole por el bosque, al sheriff expulsando a los Hardy de la ciudad y a los vecinos celebrándolo, escuchó crujidos y golpes, miles de murciélagos revoloteando dentro de Las rosas rojas, los llantos de su madre desde los abandonados almacenes Jackson, creyó ser John mientras penetraba a la prostituta, creyó gritar de dolor y caer rodeado de roedores, corrientes de aire le abrasaban las extremidades, la ciudad ardía en llamas, el taller explotaba y un gigante espejo la aplastaba hasta absorberlo, se vio convertido en la prostituta, notó el peso de John cayendo sobre su estómago, su miembro rozándole las piernas, creyó gemir de placer y caer inconsciente. Una extraña fuerza le impedía mover los brazos, le dolían los tobillos y le costaba respirar… No sin esfuerzo, al final, consiguió abrir los ojos.

“Por fin despiertas”, dijo una oscura figura que permanecía sentada a los pies de la cama, “te escuché gritar desde la puerta, pero no te preocupes, no había nadie más en la calle. En contra de lo que todo el mundo opina, eres un muchacho inteligente y cuidadoso, siempre lo has sido. Por un momento pensé que no podría seguirte, pues la puerta del patio estaba cerrada, hasta que recordé los voluptuosos pechos de la Sra. Morrison y como los miraba tu padre. Saltar ha sido fácil y mucho más encontrarte, cualquier desgraciado hubiera podido robarte el dinero y escapar tan tranquilo, ¡incluso silbando!”, gritó mientras se levantaba. Tom estaba tan aturdido que le resultaba imposible moverse, destinaba todos sus esfuerzos a no cerrar los ojos y mantener el cuerpo en tensión, por lo que pudiera pasar. “No tengas miedo”, continuó, “únicamente te he atado las manos para evitar malentendidos. Es comprensible asustarse ante la presencia de un extraño, y sobre todo en una noche como ésta, así que no quería terminar con un diente roto por culpa de una confusión. Pero en cuanto estés tranquilo, te quitaré las cuerdas, creo que vas a necesitar las manos cuando sepas a qué he venido”. Mientras hablaba, la oscura figura fue acercándose hacia la cabecera de la cama, sin gesticular, casi sin moverse, intentando ocultar algo que Tom ya había descubierto. John, el hijo del director del banco, nunca había sido un buen actor, y menos en aquel momento.

“Supuse que mi vuelta a la ciudad no sería sencilla, después de tantos años evitando regresar, no guardo un buen recuerdo, ya lo sabes… o deberías saberlo, aunque tu nunca tuviste nada que ver. Mi padre ha estado algo enfermo últimamente y lleva tiempo insistiendo para que trabaje en el banco, no sea que caiga en malas manos cuando le ocurra algo, Dios no lo quiera… El negocio no marcha demasiado bien, hace falta encontrar nuevos socios, tarea difícil en una ciudad como ésta, por lo que cuando escuchó a tu padre, la única persona que ha conseguido sobrevivir a una época tan dura, decir que ibas a cumplir dieciséis años, corrió a ofrecerle ayuda, para ver si a través de mi presencia, conseguía congraciarse e involucrar a tu padre… y a su dinero. Sí, veo que empiezas a entenderlo todo, pero no mal pienses, yo participé con mucho agrado, siempre me has caído bien, eres un tipo sensato, o al menos, eso pensaba”, continuó John, sin esperar una respuesta que Tom se veía incapaz de aportar. “La cuestión es que me dejaste muy intrigado con tu comportamiento en el prostíbulo, tanto que salí corriendo a buscarte, pese a la extrañeza de las muchachas. En un primer momento pensé que era cosa de los nervios, de la inseguridad o, tal vez, de la cercana presencia de la muerte, pero no podía estar más equivocado. Te seguí hasta el bosque y allí lo entendí todo… El origen de todos tus problemas estaba aquí”, sentenció John, mientras con un rápido movimiento se bajó los pantalones hasta las rodillas.

Tom nunca había estado tan aterrorizado, sentía las manos de John mientras le quitaba los zapatos y desabrochaba los pantalones, en ningún momento utilizaba su fuerza ni le obligaba a nada, todo resultaba de lo más natural. Vio como su pene crecía y crecía y no podía hacer nada para evitarlo. “No debes tener miedo”, le susurraba John al oído, “has estado demasiado tiempo enredado entre las faldas de tu madre… Yo también me asusté mucho la primera noche en el internado, rodeado de muchachos que no conocía, con miradas de lobos hambrientos, estrictos vigilantes con zapatos de madera y unos curas que sólo sabían gritar. Me puse tan nervioso que terminé llorando debajo de las mantas, pero poco a poco, los temblores desaparecieron, y la ansiedad, y las pesadillas… todo gracias a Peter, bueno, yo le llamo Pit, mi compañero de habitación, es un tipo genial, seguro que te caía bien, todo el mundo le aprecia”. Mientras hablaba, John se había arrodillado encima de la cama, justo entre las robustas piernas de Tom, dispuesto a desatarle las cuerdas de las manos, aunque realmente, habían estado casi sueltas desde el principio.

Con el trajín de la maniobra, los planes de huida de Tom habían quedado difuminados en el tiempo, ya sólo podía pensar en las extrañas cosquillas que le producía el roce del pene de John contra su propio cuerpo, en sus ojos mirándole fijamente y en la camiseta empapada de sudor. Fuera, el cielo había empezado a clarear y un fuerte viento hacía golpear las ramas secas contra el techo del taller de forma tan violenta que hasta Casper, el perro de los Morrison, había corrido a refugiarse junto a la puerta de la cocina. John, ya completamente desnudo, se tumbó encima de Tom, tapándole la boca con su mano izquierda y sonriendo divertido, sabía que su amigo no iba a entender muy bien lo que estaba ocurriendo pero era la única forma de hacerle avanzar, de lo contrario nunca llegaría ser un hombre. Tom, por su parte, no podía más que entregarse a sus deseos, flotaba en una espesa neblina, entre ansioso y excitado, esperando cada nuevo movimiento y con los ojos fijos en el techo. Algo, tal vez el pudor, le impedía bajar la mirada.

Instintivamente, Tom levantó las piernas hasta situarlas en los hombros de John, temblando de nervios, cuando, de repente, la habitación se quedó casi a oscuras. Tom, padre, les miraba fijamente a través de la ventana, desconcertado y con una escopeta en la mano…

Anteriormente en Party Hardy: I, II y III.

4 comentarios el “Party Hardy. Cuarta parte

  1. Diego
    19/08/2012

    perfect

  2. Mike
    20/08/2012

    Me tienes enganchado a la historia de Tom. Genial!

  3. gia-carangi
    25/08/2012

    Ay Diosss!!! que nervios me traes con el pobre Tommy, espero que su padre no los mate, y que tampoco entre Soraya Montenegro y arruine tan extasiante momento

  4. aleczo
    26/08/2012

    qe continúe…qe continúe..me as dejado picado con la historia, qiero maas

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Esta entrada fue publicada el 17/08/2012 por en Historias confusas, Uncategorized.

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