EL HOMBRE CONFUSO

Entresudores

Detrás de la pared sonaba un golpeteo desde hacía varias horas. El viento subsahariano se colaba por las rendijas de las ventanas. Un sol abrasador caldeaba el ambiente. El ruido del ventilador prácticamente ya no dejaba escuchar el murmullo del televisor, repleto de reposiciones, concursos y programas de verano, de los que te enseñan que la mayoría de la población pierde belleza al estar medio desnuda y que a la playa uno debe llevar un tupper con lomo en tomate, no sé muy bien porqué.

Gotas de sudor pegajoso resbalaban por mi espalda mientras intentaba despegarme del sofá, de una forma no demasiado elegante y con un aspecto no demasiado aseado. El hastío veraniego se había apoderado de mi. Apatía, pesadez, insomnio, malhumor, desgana, aburrimiento y desesperación eran algunas de las palabras que iba anotando en mi cuaderno de estados de humor -aún mantenía la idea de completar el círculo de un año anotando cada hora mi estado de humor, en un intento de combinar la psicología con la poesía abstracta-. El teléfono llevaba días sin sonar, las redes sociales permanecían desiertas a excepción de cuatro indeseables, de esos que disfrutan presumiendo de su felicidad o lamentándose de su desgracia sin demasiada razón ni para lo uno ni para lo otro. El lejano zumbido de una cigarra era la única señal de vida exterior, fuera del bunker en el que se había convertido mi apartamento. Bueno, eso y los constantes golpes que atravesaban la pared. ¿Qué estaría ocurriendo?.

Varias habían sido las posibilidades que mi mente, un tanto perjudicada, había maquinado, intentando buscar una explicación convincente. Desde un niño tocando el tambor, un ejecutivo jugando a golf con una taza de porcelana, un perro intentando comunicar algo con morse, hasta una pareja practicando sexo durante horas. Pero nada de esto tenía lógica. Estaba prácticamente seguro que los vecinos se había marchado a pasar el verano a un pueblo de montaña, como cada año, dejando el rellano a mi merced, así que el piso debía estar vacío. Entonces, un golpe de clarividencia iluminó mi mente: ¡una bomba! Esa desgraciada señora no se había largado de vacaciones con sus múltiples hijos y su marido silencioso, sino que intentaba vengarse de mi volando el edificio por los aires. Ahora entendía aquéllo de “si no bajas la música atente a las consecuencias…”.

Nervioso, me puse a sudar…. [continuará]

Un comentario el “Entresudores

  1. calamarin
    03/08/2011

    La muy arpía!!! siempre te tuvo envidia por los chulazos que pasaban por tu apartamento y que ella no podía saborear…

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Esta entrada fue publicada el 03/08/2011 por en Historias confusas, Uncategorized.

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